El penúltimo portazo al pánico

El ambiente festivo dominó los primeros minutos del entrenamiento de ayer en Ibaia/Igor Aizpuru
El ambiente festivo dominó los primeros minutos del entrenamiento de ayer en Ibaia / Igor Aizpuru

El Alavés busca un triunfo con el que descolgarse del Deportivo, al que dejaría a once puntos y casi cortado en la lucha por la permanencia

IÑIGO CRESPO

Bastaba con contemplar los primeros minutos del entrenamiento de ayer en Ibaia para recordar los tiempos en los que el Alavés caminaba con paso firme y seguro en Primera. No había que echar la mirada demasiado atrás. En realidad, era suficiente con situarse a estas mismas alturas del pasado curso. El calvario que ha vivido el conjunto albiazul en lo que va de temporada, sin embargo, ha abierto un insalvable abismo psicológico con todo lo que sucedió antes del 18 de agosto, cuando la dolorosa derrota ante el Leganés desató una extenuante y deprimente travesía por el vacío. Pero de la misma forma que esa agónica trayectoria de casi cuatro meses llegó a parecer interminable, los hombres de Abelardo han protagonizado una resurrección tan vertiginosa que apenas ha podido saborearse en su entorno.

El Alavés se encuentra a las puertas de un paraíso en calma, que le permitiría convertirse al fin en un grupo normal, que prepara los encuentros con la distancia crítica suficiente para que el miedo no domine sus movimientos y agarrote su talento. El conjunto vitoriano recibe a un Deportivo que atraviesa una situación tan precaria que resulta casi inevitable experimentar una pequeña sensación de ‘déjà vu’ albiazul previo al milagro de Girona.

Mendizorroza persigue su éxtasis casi definitivo con una victoria que alejaría a los gallegos hasta los once puntos, además de un eventual gol ‘average’ (el Alavés perdió 1-0 en Riazor). Con esa distancia, y con el Málaga aún más hundido (ahora a 12 puntos), los albiazules dejarían casi cortados a dos rivales directos por la supervivencia. A pesar de la relevancia que adquiere el duelo de esta tarde, Abelardo anticipa que el comportamiento del Alavés en su planteamiento será idéntico al de los enfrentamientos con el Celta, el Villarreal y el Barcelona.

La plantilla, casi al completo

«El equipo tiene una identidad propia sin importar el rival», se felicitó Abelardo tras el entrenamiento de ayer en Ibaia. El técnico asturiano cuenta con su plantilla al completo, a excepción de Carlos Vigaray, aquejado de un edema óseo en su rodilla derecha, y Héctor Hernández, que se reincorpora al grupo de manera progresiva. El Alavés, no obstante, cuenta con una columna vertebral definida y reconocible, algo que parecía un auténtico jeroglífico casi hasta el arranque de 2018.

Más allá de retoques puntuales, como los que introdujo en Villarreal (Alexis, Hernán Pérez y Torres en lugar de Martín, Ibai y Manu García), el Alavés tiene asimilados los conceptos fundamentales que implementó Abelardo desde su primer partido, y que han sentado como un guante al perfil de la plantilla, tal y como reconocen de manera explícita los jugadores del cuadro vitoriano.

Lo más probable, en este sentido, es que el equipo albiazul salte en busca del Deportivo, en lugar de aguardar a ver lo que propone el conjunto gallego en los primeros minutos. Los hombres de Clarence Seedorf, de hecho, se encuentran inmersos en un mar de dudas que les ha impedido conocer la victoria desde el pasado 9 de diciembre, cuando superaron por la mínima al Leganés en Riazor. La estadística, además, se vuelve mucho más contundente y alarmante al buscar la última victoria a domicilio, que se remonta a finales de octubre, ante Las Palmas en el Estadio Gran Canaria.

52 goles encajados

El Deportivo observa cómo su margen de maniobra se reduce a ritmo de vértigo mientras intenta amoldarse a los retoques de Seedorf en un tiempo récord. El club coruñés es frágil en su retaguardia, hasta el punto de que ha encajado 52 goles en 23 jornadas, más que ningún otro contendiente de la Liga. Para colmo, el rendimiento goleador de Florin Andone, Adrián López y Lucas Pérez se ha encontrado muy lejos de lo que esperaba su dirección deportiva y, sobre todo, la afición blanquiazul.

El Alavés, que al fin exhibió una sonrisa sincera en la última sesión de trabajo previa al duelo de esta tarde, persigue un nuevo golpe que empiece a eliminar su nombre de la lista de candidatos para luchar por la permanencia. Los vitorianos, en definitiva, se preparan para dar una dentellada que dejaría al Deportivo malherido y restablecería al fin la calma en la atmósfera albiazul.

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