Una novela sobre el Alavés

historias en albiazul

El periódico ‘Heraldo Alavés’ publicó en 1928 ‘Tra-ca-trá o un penalty en el Campillo’, las travesuras de Javierín, un niño seguidor albiazul

Portada del folletón. /Fundación Sancho El Sabio
Portada del folletón. / Fundación Sancho El Sabio
SANTIAGO DE PABLO

Por sorprendente que parezca, existe una novela sobre el Deportivo Alavés escrita ni más ni menos que en 1928, solo siete años después de su fundación. Un equipo casi recién nacido pasó meteóricamente a medirse con los mejores de España, lo que encendió el entusiasmo en la provincia. Ello hizo que el diario ‘Heraldo Alavés’ publicara un folletón o novela por entregas titulado ‘Tra-ca-trá o un penalty en el Campillo’.

Los folletones o folletines eran un elemento imprescindible en la prensa de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX. Muchas de las grandes novelas de la época, como ‘Los tres mosqueteros’ o ‘Los miserables’, se publicaron en folletín. Este ocupaba la parte inferior del periódico y terminaba cada día en un momento de suspense con la palabra ‘continuará’ para animar al público a seguir leyéndolo al día siguiente.

Muchos lectores recortaban las hojas, encuadernándolas para tener así al final el libro completo. A veces, este se editaba después como volumen independiente tras terminar su reproducción a plazos. Pero si el folletín no tenía éxito, el periódico solía suspenderlo sin previo aviso, iniciando una nueva novela.

‘Heraldo Alavés’ anunció ‘Tra-ca-trá o un penalty en el Campillo’ como una «interesante novela» y aprovechó para replicar a quienes criticaban el juego albiazul, afirmando que el tema estaba «de actualidad por referirse de lleno a nuestro sin igual Deportivo Alavés, que en su triunfal recorrido, ha llegado a imponerse ‘sin técnica y sin fondo’ (¡qué risa!) a los que se creían y consideraban invencibles y dueños de la situación».

El título hacía referencia al ‘Tra-ca-trá’, uno de los himnos no oficiales del club en sus primeros tiempos, y al Campillo, la parte alta del casco viejo vitoriano. Su autor firmaba con el seudónimo de ‘El Sastre de Marras’, cuya identidad desconocemos. Con humor, el diario señalaba que se trataba de un antiguo «conspicuo colaborador de este periódico (…), muerto en otra ocasión, voluntariamente, para el mundo de las letras», pero que había regresado para ofrecer «una historia sencilla, emotiva a ratos, a ratos plácida y risueña, con una ‘melée’ final, de ribetes cómico-trágicos, que el protagonista aprovecha para consolidar un triunfo».

El protagonista era Javierín, un niño que vivía en el Campillo con sus padres, él carpintero y ella una antigua «obrerita de taller de costura», dedicada ahora en exclusiva a sus labores domésticas. Con motivo de un partido de máxima rivalidad contra el Athletic de Bilbao, el niño se perdía entre la muchedumbre que acudía a Mendizorroza y sus padres, desesperados, pasaban todo el día en su busca. Para dar aún mayor dramatismo a la situación, Javierín era hijo único, pues sus dos hermanos habían fallecido poco después de nacer, dejando a sus progenitores hundidos en la pena.

Desde muy pequeño, el chico se había aficionado al fútbol, hasta el punto de que al principio «no sabía pronunciar otros nombres que los de los ases del Deportivo Alavés, y con sus manitas había recortado de los periódicos locales y de la región todos los grabados que aparecieron desde el comienzo del campeonato».

Fruto de esta afición había animado a sus padres a acercarse al Paseo de Cervantes para ver desde fuera el bullicio del partido que había provocado su desaparición. Menos mal que esa misma noche los padres recibían el aviso de que su hijo había sido hallado en Mendizorroza por el conserje del campo, cuando ya había cerrado las puertas del estadio y se disponía a revisar si alguien se había dejado algún objeto olvidado.

De vuelta a casa, esa noche Javierín soñaba que había conseguido subirse a un árbol junto al campo, como hacían otros chicos, y desde allí había visto el partido, animando a los jugadores del Alavés, y en especial al extremo Crespo, que en el sueño «dio un patadón con la izquierda batiendo al portero contrario con todas las de la ley, al mismo tiempo que una voz aguda, como la de un chiquillo, gritaba: -¡Traaa… ca… traaaaá!». En este preciso momento, el grito de Javierín soñando despertó a sus padres.

(Continuará)...

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