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ALAVÉS - BARCELONA

La fiesta que no cesa

Mauricio Pellegrino y Carlos Compagnucci conversan durante la sesión de ayer en Betoño.
Mauricio Pellegrino y Carlos Compagnucci conversan durante la sesión de ayer en Betoño. / igor aizpuru
  • El Alavés recibe al Barça en su momento álgido y con un profundo desgaste tras la semifinal de la Copa

Cuando finalizaron los grandes festejos por la histórica clasificación para la final de Copa, el desgaste golpeó de pronto al Alavés, sumido hasta entonces en una nube dorada y una sobredosis de adrenalina. El doble enfrentamiento ante el Celta supuso un esfuerzo titánico para un conjunto acostumbrado a competir al límite, que no depende tanto de la inspiración de su talento como del trabajo en equipo. La concentración imperturbable es uno de los principales argumentos de los albiazules, conscientes además de que se encontraban ante el momento más importante de su equipo en 16 años por su dimensión futbolística. La fiesta regresa hoy a Mendizorroza ante el Barcelona, cuya envergadura mantendrá en alerta a la tropa de Pellegrino, pero que le obligará de nuevo al borde del agotamiento.

Los futbolistas repiten que la mejor manera de mantener la tensión competitiva y el deseo es enfrentarse a uno de los grandes de Europa, porque evita cualquier signo de cansancio o relajación y minimiza los despistes. El Alavés tiene ante sí una oportunidad única para mantener la autoestima disparada y considerarse casi invencible. De hecho, solo ha caído en un partido de los últimos 17, y fue ante el Celta en el choque de Liga, en el que los albiazules disputaron toda la segunda mitad en inferioridad por la expulsión de Feddal.

El entorno blaugrana, mientras tanto, utiliza las rotaciones como principal pretexto de la derrota que sufrió ante los vitorianos en la tercera jornada, de modo que hacer temblar de nuevo los cimientos de Luis Enrique multiplicaría las dudas de los barcelonistas de cara a la final de Copa, a pesar incluso del abismo temporal que separa el encuentro de hoy del decisivo duelo del 27 de mayo.

El Barça llega en esta ocasión en una situación física similar a la del Alavés, después de superar por la mínima al Atlético en la otra semifinal. El duelo ante los albiazules, además, le llega solo tres días antes de su primer enfrentamiento con el PSG en la Liga de Campeones. Los de Luis Enrique, sin embargo, se encuentran mucho más habituados al frenético ritmo que marca un calendario de tres competiciones de máxima altura, algo que este Alavés solo ha conocido desde que dejó atrás al Alcorcón en cuartos.

El mejor visitante

«Lo más preocupante ha sido el partido más reciente –la vuelta ante el Celta–, que ha supuesto un gran desgaste mental, y físico también. El interrogante es si podremos repetirlo», reconoció ayer Mauricio Pellegrino, que mantendrá un gran número de sus piezas básicas para frenar el poderío ofensivo del Barça, que jugará en Vitoria como el mejor visitante de la Liga tras haber conseguido siete victorias, tres empates y una sola derrota. El encuentro ante uno de los colosos de Europa, no obstante, no podría llegar en mejor momento de forma para los albiazules.

Nunca en lo que va de temporada el Alavés ha mostrado un convencimiento tan abrumador en su juego y en sus posibilidades para tumbar a los más grandes. Es cierto que los de Pellegrino exhibieron desde el inicio una gran capacidad de resistencia, que les condujo a empatar con el Atlético en su estreno liguero y a vencer en el Camp Nou. Aquel techo, sin embargo, no dejaba de ser irreal. El Alavés necesitaba convertirse en algo más que en una defensa sólida y encomiable. Y ahora es capaz de golear en Gijón con los suplentes, sostener y golpear al Celta en la Copa y dominar de forma indiscutible al Atlético.

«El equipo se anima a hacer muchas más cosas que entonces –la victoria en el Camp Nou–, que era la tercera jornada», admite el entrenador argentino, que espera un Barcelona mucho más sobrio que en el choque de la primera vuelta. «Al principio éramos unos desconocidos para todos. Ahora es difícil que nuestros jugadores puedan sorprender y que podamos sacar ventaja de ello», explica Pellegrino. El Alavés ha dejado ya de ser una incógnita para sus adversarios, que lo observan como una auténtica revelación por la seguridad que exhibe en la Liga y su histórica clasificación para la final de la Copa. Mendizorroza sueña con desatar de nuevo una noche inolvidable para su afición, que ha prendido ya la mecha del éxtasis y espera mantenerla encendida hasta la explosión final del 27 de mayo.

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