El Correo
Alavés

A por la copa

El «alfiler» que lleva hasta la final

El alfiler de Pellegrino puede estar en una arrancada de Theo, un cabezazo de Laguardia, un golpeo seco de Ibai o una de esas acciones de calidad de Camarasa.
El alfiler de Pellegrino puede estar en una arrancada de Theo, un cabezazo de Laguardia, un golpeo seco de Ibai o una de esas acciones de calidad de Camarasa. / Blanca Castillo
  • Pellegrino asegura que todo dependerá «de pequeñas cosas y en eso debemos ser superiores»

Dos partidos recientes entre Alavés y Celta, ambos en Balaídos, han deparado un solo gol. El que Radoja marcó en el minuto 89 del choque liguero. Si a eso se añade la especialidad albiazul en fabricar resultados cortos en serie y la trascendencia y nervios añadidos a un duelo histórico, la conclusión a la que llegó ayer Pellegrino parece más que lógica. «El ganar o perder es un alfiler. La balanza se va para un lado o para el otro dependiendo de pequeñas cosas y es en eso donde debemos ser superiores». El territorio de la concentración y el acierto para que Mendizorroza pueda festejar a lo grande la clasificación para la final de Copa por primera vez en los 96 años de historia del club.

El Alavés, un equipo inexperto en este tipo de situaciones, ya salvó el primer escollo. Donde el Barcelona recibió un repaso liguero y el Real Madrid cayó eliminado en esta competición, la escuadra albiazul despachó uno de sus partidos tipo. Maniató primero al Celta, derrochó alguna ocasión clara y después tiró de esfuerzo, de Pacheco y cierta fortuna con los palos para sostener el empate inicial. Desde ese equilibrio absoluto en el punto de partida, que obliga a ganar el partido o mantener la portería a cero para forzar los penaltis, nace la ilusión. Pero también desde la buena línea del equipo en los últimos meses y, sobre todo, del partido ante el Atlético de Madrid. Frente al subcampeón de Europa, al esfuerzo y orden habituales se unió un caudal importante y desconocido de fútbol esta temporada. Pese al 0-0, el conjunto albiazul despachó uno sus los mejores encuentros de las últimas décadas. Faltó el gol o los goles, ese alfiler que hoy será necesario clavar en la meta de Sergio Álvarez.

«Fuerza extra» de la grada

Pellegrino apeló ayer al empuje de la afición «que a los jugadores les da una fuerza extra y a los rivales les hace dar un pasito para atrás», aunque como sucedió en la ida, considera que lo fundamental ocurrirá sobre el césped. Remarcó en ese sentido que su esfuerzo en estos últimos días se ha centrado precisamente en controlar «los detalles» ante esta trascendente cita. Evidentemente, no desveló ninguna interioridad táctica, aunque sí recordó que en el choque de Vigo dos de las ocasiones del Celta llegaron «a balón parado». En definitiva, advirtió sobre la necesidad de evitar estas situaciones ante un adversario que, sin necesidad de faltas y córners, ya dispone de un notable volumen de juego ofensivo. La exhibición de Iago Aspas en la segunda parte de Balaídos sobra como advertencia.

No hay demasiadas dudas de que en este Alavés-Celta comparecerán los dos mismos onces que ya midieron sus fuerzas en Balaídos. Otra cuestión será si el conjunto vitoriano es capaz de disputar la posesión del balón durante el partido a un adversario dinámico y preciso en las combinaciones o, en cambio, arma su base de operaciones en la presión adelantada y la búsqueda de la velocidad tras las recuperaciones. Porque mientras no se mueva el resultado inicial, los riesgos en este tipo de partidos suelen ser los mínimos.

El alfiler de Pellegrino puede estar en una arrancada de Theo Hernández, un cabezazo de Laguardia, un golpeo seco de Ibai o una de esas acciones de calidad de Camarasa que encuentre un final feliz. Pero queda claro que la solvencia defensiva resultará determinante para sostenerse en uno de esos encuentros que solo un gol puede convertir en alocados. ¿El partido más importante de la temporada? «Espero que el más importante» -aventuró Pellegrino- «esté por venir».

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