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Alavés

Laguardia ya está en Vitoria tras pasar la noche ingresado en Vigo

Laguardia abandonó Balaídos en camilla y fue trasladado en ambulancia a un hospital
Laguardia abandonó Balaídos en camilla y fue trasladado en ambulancia a un hospital / Igor Aizpuru
  • El central resistió todo el encuentro tras sentirse aturdido en el descanso por un fuerte golpe con Guidetti que le obligó a pasar por el hospital en Vigo

El Alavés volvió al vestuario orgulloso, confiado y henchido por su magnífica primera mitad. La tropa de Pellegrino había conseguido plantar cara al Celta e incluso llegó a superarlo por momentos. Estaba bien plantado, sobrio, dispuesto a mantener su espectacular racha de partidos sin perder fuera de casa -desde el 22 de octubre- y con la sensación de que el deseo de volver de Vigo con más de un punto era más que una ensoñación atrevida. Pero algo iba mal en la caseta.

Víctor Laguardia sentía cómo una aguja le punzaba la sien, donde poco después surgiría un prominente bulto. Se sentía aturdido por el duro golpe que sufrió en una disputa con Guidetti diez minutos atrás, sin aparentes consecuencias graves. El central estaba algo mareado, aunque en ningún momento llegó a perder la consciencia. En ese caso, lo lógico habría sido pensar que Mauricio Pellegrino no le hubiera permitido cometer la temeridad de regresar al terreno de juego. El defensor trató de sobreponerse al dolor y al aturdimiento, que esperaba fuera pasajero.

Sus compañeros le preguntaron cómo se encontraba, con una preocupación lógica al ver que el jugador con el físico más poderoso de la plantilla estaba algo desconcertado. Laguardia no quiso obsesionarse y pensó que aún le retumbaba el fuerte golpe con el delantero sueco. Nada importante. Y lo cierto es que el aragonés cuajó una gran segunda mitad, en la que mantuvo intacta la defensa albiazul ante las constantes acometidas celestes, ya con un jugador más sobre el césped. La necesidad de frenar al Celta y la adrenalina crearon una burbuja que le aisló de la hinchazón que se le intuía en la parte posterior del cráneo. Laguardia mantuvo casi inédito a Guidetti durante el encuentro, se anticipó a los ataques y dominó el juego aéreo. Sufrió algo más con la entrada de Giusseppe Rossi, mucho más dinámico y rápido, aunque tampoco puede decirse que lo volviera loco.

En camilla

Pero el pitido final, doloroso por el varapalo de Radoja en el último suspiro, desencadenó una pequeña réplica en la cabeza de Laguardia. El aturdimiento volvía con más fuerza que en el intermedio y había pasado ya más de una hora desde que sufriera el impacto en un salto con el ariete sueco. Mala señal.

Una parte de la expedición albiazul esperaba nerviosa junto a uno de los accesos de Balaídos a que se acercara una ambulancia que trasladara a Laguardia al centro médico. No se trataba de un cuadro alarmante, pero sí lo bastante serio para que un médico descartara cualquier secuela significativa. La plantilla envió un mensaje de calma basado en la tranquilidad que les generaba haber visto a su compañero rendir a su nivel habitual durante toda la segunda mitad.

El club, que regresó en avión poco después del partido, decidió que Laguardia se quedara en Vigo para que le hicieran un reconocimiento exhaustivo en un hospital. El futbolista superó todas las pruebas que se le efectuaron, pero se quedó ingresado toda la noche por precaución. Esta mañana le han dado el alta y ha tomado un avión hacia Vitoria, donde descansa ya del susto.

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