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Una gacela en el laboratorio

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Deyverson y Espinoza celebran el primer tanto alavesista. / I. Aizpuru

  • Espinoza asiste en el primer gol a Deyverson y rubrica su actuación más destacada al sentenciar al Sporting con el segundo tanto

Hay futbolistas que desconocen las pruebas distendidas o los trámites forzados. El Alavés recolectó a diez futbolistas de protagonismo disperso y a Deyverson, que mantiene la guardia alta sin reparar en el contexto. Mauricio Pellegrino ofreció la oportunidad de lucirse a los hombres que menos ha visto competir ante un Sporting plagado de titulares que busca la fórmula para volver a carburar en la Liga. Los secundarios y los jóvenes del filial albiazul interpretaron su cometido a la perfección.

El Alavés mantuvo la distancia de seguridad con el Sporting desde el inicio y no dejó de golpearlo de forma esporádica pero contundente. Nadie, sin embargo, estaba más hambriento de césped que Cristian Espinoza, que reclama un protagonismo mayor desde hace meses. El extremo argentino arrancó algo sobreexcitado por su deseo de cautivar a Pelllegrino. Intentaba ser vertical y buscaba la portería de Mariño de forma constante. De alguna forma, parecía traicionar su propia definición. «Me gusta ayudar a que el delantero sea protagonista», anunció en su presentación como jugador del Alavés. Y cuando cambió el enfoque y recuperó su papel de asistente, afloró su mejor versión.

El argentino realizó algunos centros y disparos defectuosos durante los primeros minutos, fruto de un exceso de ambición individual, antes de convertirse en el gran protagonista del encuentro. Espinoza sirvió en bandeja el primer tanto del encuentro a Deyverson al ejecutar una falta lateral. Hasta entonces, el brasileño se las tuvo con Fernando Amorebieta, que distorsionó la intensidad con un combate de artes marciales y tuvo que haber visto al menos la amarilla por dos faltas clamorosas al brasileño y a Manu Barreiro, muy impetuoso y acertado al bajar la pelota para buscar la segunda jugada.

Pellegrino varió sus esquemas más habituales y plantó un 4-4-2 en Avilés, con dos delanteros específicos y Manu García como compañero de Krsticic en la medular. Los centrocampistas llegaron con asiduidad a la frontal del área rival, aunque no consiguieron crear disparos peligrosos, mientras que los delanteros dominaron por su poderío aéreo en los balones divididos. Pero quien más brilló en el laboratorio del técnico argentino fue sin duda Espinoza, cuyo protagonismo creció a medida que se encontraba más cómodo sobre el terreno de juego.

El argentino desató su mejor fútbol tras servirle el primer tanto a Deyverson en el minuto 20 y no paró de torturar a la defensa del Sporting. Realizó un disparo con la zurda que atajó Mariño y, solo segundos después, interceptó una cesión defectuosa de un defensor rojiblanco e intentó anotar su primer tanto con un sombrero al guardameta, que logró desviar la pelota. Apenas hubo noticias del equipo de Abelardo en la primera mitad, más allá de un mano a mano de Carlos Castro bien resuelto por Ortolá.

Pero el argentino debía dejar aún su huella en el encuentro para que su reivindicación fuese completa. Regresó tras el descanso con la firme convicción de abandonar el Suárez Puerta como el hombre más destacado y se fabricó una clara ocasión que no consiguió definir. Cuantas más ocasiones dejaba sin convertir, más crecía su deseo y su adrenalina. Y cuando apenas habían pasado diez minutos tras la reanudación, dejó el duelo casi sentenciado al batir a placer a Mariño dentro del área. Espinoza celebró con rabia su diana, sin valor oficial pero que supuso una auténtica inyección de autoestima, y se fundió en un efusivo abrazo con Deyverson, el mejor socio en su esperada irrupción.

Regreso de Ibai

El joven regateador rubricó de esta forma su mejor actuación como albiazul hasta que dio paso a Ibai a falta de 15 minutos para el final. El extremo bilbaíno selló al fin su reaparición y demostró estar listo para el duelo ante el Espanyol en Mendizorroza tras superar su elongación en el bíceps femoral que lo ha mantenido apartado en las últimas cinco jornadas de Liga. El Alavés, ambicioso, buscó la goleada en los minutos finales con un disparo desviado de Toquero, mientras el Sporting emitía vibraciones preocupantes y apenas inquietó a Ortolá, que estuvo sobrio ante un adversario de Primera.

Los secundarios del Alavés, tanto quienes pasan más tiempo en el banquillo o en la grada que en el césped como los jóvenes Llamas, Einar, Martín y Muñoz recibieron el último mensaje de Pellegrino, quien los elogió por permitir que cada ‘once’ que dispone sea de garantías, y mantuvieron el listón alto en el laboratorio del técnico albiazul.

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