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El precio de la indefinición

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Deyverson, abatido tras el partido de Mendizorroza. / Jesús Andrade

  • El Alavés toma ventaja en un error de Kameni, carece de claridad para resolver y encaja un golazo al final

No hay premio sin contundencia en Primera Divisón y el Alavés pagó ayer ante el Málaga el precio de su indefinición. Esa falta de claridad ofensiva para aprovecharse de una notable primera parte que Deyverson puso de cara tras el error de Kameni y las posteriores dudas ante un adversario que, volcado por necesidad, apenas percibió amenaza albiazul en los contragolpes. Ni en los mejores minutos, con ocasiones claras, rompió el partido la escuadra de Pellegrino ni en los peores, acogotado en su área tras el descanso, recibió el empate. Los caprichos del fútbol quisieron esta vez que el venezolano Rosales, con un impecable zapatazo a la escuadra a cinco minutos del final, devolviese el equilibrio al partido cuando el tramo más complicado para los alavesistas parecía haber quedado atrás.

Si se trataba de comprobar la profundidad de la plantilla albiazul, el duelo ofreció buenas perspectivas para la temporada. Porque a las bajas de Kiko Femenía y Daniel Torres, importantes en las siete primeras jornadas, se unieron también las de Alexis e Ibai, titulares habituales. El equipo respondió con solvencia. Feddal se incrustó en el centro de la zaga después de dos meses para dejar ver lo que se intuía desde la pretemporada. Un central elegante y con buen trato del balón. También Vigaray, que se estrenaba en el once, cumplió con creces en el lateral diestro. Igual que Katai, por momentos virtuoso con el balón, hasta que acabó agotado. Las modificaciones no impidieron que el cuadro albiazul mostrase de nuevo una versión compacta. Más allá de que la inclusión de Manu García ofreciese más llegada desde la segunda línea y juego aéreo al tiempo que menos fluidez en la salida del balón que con Torres.

Exhibición de Deyverson

Los ocho duelos iniciales del campeonato, saldados todos ellos con resultados ajustados, han dejado claro que el Alavés se encuentra a la altura de la categoría, que no es poco. Otra cuestión es dar un paso más. Elevarse sobre el equilibrio reinante entre iguales, como ayer lo fue un aseado Málaga, y ser capaz de utilizar el martillo en los momentos determinantes. Porque ayer, la única diana albiazul llegó tras un regalo de Kameni en una salida.

Forzado, eso sí, por un pletórico Deyverson. El delantero anotó su tercer tanto de la temporada y dejó una vez más constancia de su intención de acabar con el tópico del ariete brasileño: ese especimen que extiende la toalla en el área a la espera de que salga el sol de un centro medido para broncearse con un remate genial. El futbolista albiazul volvió a reivindicarse como infatigable y cualificadísimo trabajador. Hizo el tanto en un doble esfuerzo aéreo puro de potencia, rozó el segundo, ganó todos los balones por arriba, combinó bien y, a tres minutos del final, se le anuló otro golazo de cabeza. Ni las imágenes aclaran si existe o no fuera de juego por centímetros. Aunque en este tipo de acciones en el límite, van ya unas cuantas, los resortes de los auxiliares no han acompañado.

Deyverson se asoció con Katai y Camarasa en los instantes de mayor lucidez. El Alavés había marcado después del acoso inicial del Málaga y, luego en ventaja y ante un rival presionante, hubo poco control del balón pero muchos espacios. También oxígeno albiazul para la velocidad. No acertó Deyverson ante Kameni ni tampoco Edgar, ayer apagado, frente al meta camerunés. Indulto en una categoría donde los esfuerzos y la concentración se garantizan, pero la diferencia reside en la definición. Tampoco Theo tras el descanso, en dos acometidas de furia, la última rematada por Laguardia, encontró la puerta de la sentencia.

Sin salida, apuros y empate

Fue el oasis en el desierto albiazul en la segunda parte. Juande ya había reordenado el equipo con la entrada de Juanpi por el lesionado Llorente y metió después a En-Nesiry para actuar con dos puntas natos. Acumuló atacantes con Fornals por dentro y dejó a Rosales solo en la derecha. Una maniobra plena de riesgo. El Málaga voló con un fútbol rápido y vertical y el Alavés no encontró las defensas adecuadas. Durante muchos minutos más pegado de lo necesario al área propia, cediendo dos ocasiones claras a Sandro y otra a Rosales, pero, sobre todo, sin temple para armar contragolpes. Ni con Katai por dentro, la apuesta en esos minutos, y Camarasa más escorado a la izquierda.

Llegaron las pérdidas rápidas, las dificultades para superar la primera línea de presión del rival y también la nula precisión para hurgar en la herida de un adversario que aparecía en ocasiones descolocado y con un gran número de jugadores por delante de la pelota. Subió la marea y apareció como siempre Pacheco para meter una mano salvadora. Pellegrino tiró en el descontrol de cambios, algo tardíos con Toquero y Sobrino, pero Rosales acabó con la alegría cuando el dique alavesista parecía ya haber sido reconstruido y resistía con más comodidad. Para dar paso después de la igualada al accidentado tramo final con las expulsiones de Theo, por una ingenuidad tras recibir una falta anterior, y Juanpi. Y con esa sensación agria. De incapacidad para rematar un partido cuando el escenario parecía iluminado para el triunfo albiazul.

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