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Alavés

Manu García silencia el Calderón

El gol de Manu García en el último suspiro vale un punto de oro en el Calderón
El gol de Manu García en el último suspiro vale un punto de oro en el Calderón / Jesús Andrade
  • Manu García iguala en el 94 el tanto de penalti en el 92 (Gameiro) que parecía acabar con el ejercicio de resistencia. Final de infarto en el Calderón

Tenía que ser Manu García, que en una especie de justicia poética debutó ayer en Primera División con 30 años, lució el brazalete de capitán en el retorno albiazul a la categoría tras diez años y, finalmente, silencio al Calderón con un remate seco en el minuto 94. Con su pierna derecha, sí, el vitoriano firmó un punto inolvidable. Fue el épico colofón a un partido donde al conjunto de Mauricio Pellegrino solo le quedó apretar los dientes de principicio a final ante un adversario superior y pasar por todos los estados posibles para defender su meta, incluida la fortuna y el inevitable Fernando Pacheco. Cuando todo parecía resquebrajarse con el tanto de penalti de Gameiro en el minuto 92, el vitoriano encontró un balón muerto cerca del área rojiblanca y soltó un zapazato que vale kilos y kilos de ilusión.

Las primeras incógnitas se habían despejado de una forma natural. Con una alineación mixta entre ‘veteranos’ y nuevos fichajes. Con Fernando Pacheco, Kiko Femenía, Raúl García, Manu García y Toquero como supervivientes del ascenso y futbolistas, además, que llegaban al duelo tras completar toda la pretemporada. Alexis y Feddal en el eje de la zaga, Daniel Torres y Neno en el centro del campo y Edgar e Ibai en las bandas hicieron su debut de inicio con la camiseta albiazul. Para que Mauricio Pellegrino calcara el once inicial del último enfrentamiento amistoso en Valladolid. Delante, un Atlético de lo más reconocible. Diez de los recientes subcampeones de Europa y Gameiro como única variante entre los fichajes rojiblancos.

Lesión de Feddal y apuros

No se juega siempre como se quiere y sí como se puede, algo que advirtió el Alavés prácticamente desde el pitido inicial. El Atlético de Madrid, que al contragolpe resulta letal, se dedica a apretar de firme al adversario cuando se le niegan los espacios. A eso se dedicó desde el inicio una escuadra albiazul tierna por obligación en cuanto a adaptación tras un verano loco de fichajes y que tiró de coraje para sobrevivir en una primera mitad de asedio local. Monopolizaron la posesión los rojiblancos, lo que permitía a los laterales Juanfran y Luis Fillipe ocupar posiciones ofensivas y cercar el área alavesista por todos los costados.

Asfixia sobre el cuello albiazul que solo aflojaba en ocasiones aisladas con las arrancadas de Edgar, el único con capacidad para romper líneas. El centro del campo, fajador con Daniel Torres y Manu García, pero sin capacidad para hilvanar juego ante un rival feroz. Primero con más presencia en campo alavesista que remate y después con el punto de mira desviado. Perdonó Saúl y después Gameiro en una ocasión clarísima. Después de ocho córners en contra y seis disparos, algunos muy cercanos a la meta de Pacheco, continuaba la resistencia. Mérito colectivo en una primera mitad donde la lesión inicial de Feddal y la entrada de un entonado Laguardia no hizo perder un ápice de compostura a los vitorianos.

Tras el descanso, más de lo mismo. Resistencia permanente ante un Atlético de Madrid donde Simeone metió a Torres, Gaitán y Correa de forma sucesiva. Los palos, por dos veces, salvaron al Alavés, aunque también su determinación para despejar todo lo que volaba sobre el área de Pacheco, incluidos nada menos que veinte córners. Que no sea gol ninguno de ellos ante un rival especialista en estas acciones, también define la concentración del Alavés.

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