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Alavés

ANIVERSARIO ALBIAZUL

El Alavés cumple 95 años; un sentimiento labrado a base de esfuerzo

Una alineación histórica (1929-30). El primer Alavés que ascendió a Primera. De izquierda a derecha y de pie, Crespo, Calero, Olivares, Albéniz y Modesto Echevarría; de rodillas, Chomin Rey, Antero y Camio; y sentados, Ciriaco, Beristain y Quincoces.
Una alineación histórica (1929-30). El primer Alavés que ascendió a Primera. De izquierda a derecha y de pie, Crespo, Calero, Olivares, Albéniz y Modesto Echevarría; de rodillas, Chomin Rey, Antero y Camio; y sentados, Ciriaco, Beristain y Quincoces. / EL CORREO
  • El club albiazul celebra la efeméride en un momento dulce, superados los riesgos de liquidación, en comunión con su ciudad y con la esperanza de librar con éxito una nueva batalla por el ascenso a Primera

Este sábado el Deportivo Alavés cumple 95 años. A cinco del centenario, cifra redonda que solo unos pocos privilegiados llegan a disfrutar, y más tal y como se han puesto las cosas en el fútbol profesional español, cargado de históricos que han tenido que echar la persiana asediados por las deudas, los impagos y la imposibilidad de reflotar los proyectos deportivos. Pero el Alavés ha resistido, no sin riesgos ni momentos en los que se asomó al abismo, pero con la suerte de saber aplicar la receta de la seriedad cuando más se ha necesitado. La efeméride llega además en un momento especialmente dulce. El Alavés marcha primero en la clasificación, se ha coronado campeón de invierno de la Segunda División y, hace justo un mes, anunció que ponía fin a su etapa más negra con la solicitud de archivo del concurso de acreedores. Buenos tiempos para la celebración del aniversario de un club que, además, ha conseguido una especial comunión con su masa social y ha sabido hacer que el sentimiento albiazul cale también en las nuevas generaciones de vitorianos como se constata cada quince días en Mendizorroza, en especial en ese bullicioso y envidiado fondo de Polideportivo.

Cinco años atrás, por remontarnos al anterior aniversario redondo, las cosas no estaban de cara. A esa edad llegó sin un duro en el bolsillo y con una de sus propiedades, la ciudad deportiva de Ibaia, a subasta por una deuda con la Seguridad Social. Con la liquidación judicial como espada de Damocles, el nonagenario emblema alavés tuvo que creer más que nunca en sí mismo y en que saldría de esa situación como antes salió de otras. Para ello, como todo anciano en problemas, necesitó un poco de cariño, una mano amiga, una capitalización y que algunos de sus miembros -los futbolistas- se dedicaran a lo que saben hacer, a jugar, para tratar de sacar el proyecto del pozo de la Segunda B.

Los planetas se han debido alinear durante los últimos cinco años y todos los componentes de su vigoroso medicamento han llegado a tiempo para hacer efecto y materializar su recuperación económica y su reanimación deportiva. Ahora respira aliviado de nuevo en el fútbol profesional tras ascender en junio de 2013 y se ha encaramado en lo más alto de la clasificación de Segunda dos campañas y media después del ascenso de categoría. Además, el fármaco ha debido funcionar del modo correcto porque, aunque no quiere pecar de optimismo, en su interior sueña con llegar al final de la temporada en la posición que ahora ostenta y regresar a la categoría de oro del fútbol nacional de la que ya ha disfrutado durante 11 años en toda su historia.

Pero la vida del club albiazul ha estado plagada de altibajos, y no solo en lo deportivo. En cuatro ocasiones a lo largo de su envejecimiento ha contemplado el Alavés, casi siempre deudor de alguien, su desaparición. Y de todas ellas se rehizo para resurgir potente otra vez, haciendo honor al himno que un día compuso el vitoriano Alfredo Donnay. Desde los lejanos tiempos de Ciriaco y Quincoces, el club acumula más descensos que ascensos. Entre los más dolorosos, las tres veces que bajó en los despachos federativos y el que permutó al Ayuntamiento la propiedad de Mendizorroza, levantado sobre un trigal, para perderla para siempre.

Una vida azarosa

Los 95 años de vida azarosa han dado para muchas historias. Las temporadas de penurias sacaron el ingenio albiazul a relucir hasta el punto de llegar a programar actuaciones teatrales, musicales y hasta una tómbola y un bingo para recaudar el dinero del que carecía. También tiró de máquinas tragaperras, en los bajos de Cervantes, en torno a los difíciles años en los que cayó al infierno de Regional (1970-71), la categoría más baja en la que ha militado. Como la buena ventura, que viene y se va, el 'Glorioso' también ha sufrido vaivenes. Como el día que sufrió un atraco a punta de pistola para perder una taquilla de dos millones de pesetas de un derbi con el Barakaldo, en 1992, o los mayores embates recibidos, las incontables tropelías del peor de cuantos lo han presidido en tan aventurada vida, el de Dmitry Piterman.

Sin embargo, el 'Glorioso' lo es por sus logros y no por sus desventuras. Y así, en una tarde de 1929 se proclamó campeón de Bizkaia para escarnio del entonces imbatible Athletic. En 1930 ascendió a Primera División, con tres grandes jugadores que el año siguiente se llevaría el Real Madrid por 60.000 pesetas: Ciriaco, Quincoces y Manolo Olivares. Ese año, lideró la Primera con Olivares de 'pichichi', dio internacionales y olímpicos a España y también un seleccionador nacional, el doctor Amadeo García de Salazar. Poco después, conquistó la Copa Brigadas de Navarra en 1938, en plena Guerra Civil, para proclamarse «el mejor equipo de la España liberada», como escribió la Prensa local, en una competición que era lo mejor que se podía organizar en un país partido y deshecho sin Copa y sin Liga.

La lista de logros no se completa sin la I Copa Federación (1946) en el Metropolitano en ebullición, con el termómetro de Madrid a 42 grados. Tras el logro, los héroes se pasearon por Vitoria sobre una camioneta aclamados por el gentío y con una pancarta que rezaba «el D. Alavés, campeón, saluda a la afición».

El cielo de Dortmund

Desio y Karmona se funden en una abrazo, al término de la final de Dortmund.

Desio y Karmona se funden en una abrazo, al término de la final de Dortmund. / El Correo

Pero nada comparable con la mayor gloria conseguida, la irrepetible final de la UEFA que se escenificó en la ciudad alemana de Dortmund, un 16 de mayo de 2001, en la que el 'Glorioso', esta vez con motivos, tocó con sus dedos la celebridad. En esa inverosímil velada, el Deportivo Alavés elevó a los cielos futbolísticos la más hermosa de cuantas derrotas haya habido. Jamás un perdedor, modesto como el vitoriano, logró la admiración de tantos y acaparó el unánime agradecimiento por hacer de la contienda futbolística el ensalzamiento de todos los valores deportivos.

Considerada por muchos como la mejor final de la historia de la Copa de la UEFA, recordada por media Europa, acabó de forma brusca en el minuto 118 con un gol de oro de Geli en propia puerta, cuando el marcador lucía empate a 4. Aquella noche de lágrimas albiazules perdura en la memoria de alavesistas, de todas las edades, y hasta en la de las generaciones que no tuvieron ocasión de contemplarla. No fue cuestión solo del afamado Liverpool, el ganador, sino del empeño por vencer de un grandísimo derrotado, un Alavés que, como su rival de aquella noche, se identificó para siempre con el 'You´ll never walk alone' ('Nunca caminarás solo'), el himno de los 'reds'.

Con esa premisa debieron proceder, ocho décadas antes, los quince vitorianos que acordaron en asamblea reconvertir el Sport Friend's Club en Deportivo Alavés, un nombre más propio de Vitoria, en la que Hilario Dorao, presidente alavesista, y director del diario La Libertad, debió quedar tranquilo con la modificación antianglicista, «pues casi todos los vitorianos se preguntaban: ¿Qué quiere decir friend's?», escribió en su rotativo. A partir de entonces el 'football' se hizo fútbol en albiazul y con un cambio de identidad aprobado por 15 votos a favor y 4 en contra, se rebautizó a la criatura una mañana de domingo, la del 23 de enero de 1921, hace ahora noventa y cinco calendarios llenos de recuerdos y de pasión viva.

Como 95 años dan para mucho, al Alavés le han dado para militar en casi todas las categorías, once temporadas en Primera. Además, se ha quedado en cuatro ocasiones a las puertas de la final de la Copa -desde la de Alfonso XIII hasta la del Rey-, ha sido convenido del Real Madrid y del Athletic, capaz de meterle un 7-0 al Valencia y hasta para suspender un partido porque de tanta gente que había en Mendizorroza los del graderío bajaron al terreno de juego. Fue el 15 de abril de 1956 cuando el árbitro suspendió el partido Alavés-Athletic porque se llegaron a juntar 25.000 aficionados. Tras la invasión de campo se aplazó el partido para el día siguiente.

Cuando jugó en la categoría de plata, entre 1974 y 1983, se le llamó el 'Barcelona de Segunda' por el presupuesto que manejaba. Entonces las gradas de Mendizorroza dieron la bienvenida a futbolistas de la talla de Zubizarreta, Señor, López Recarte, Alexanco o Valdano. Pero a episodios exitosos siguieron otros críticos, como cuando bajó a Tercera por moroso en 1986 o las veces, demasiadas, que ha tenido que lamentar su suerte en los malditos "play off". También ha tenido tiempo para transformarse en sociedad anónima y un sinfín de avatares más... Pero por todo y por mucho más, ¡por otros 95 años! Mejor con menos penas y más alegrías, que den lustre a una biografía de menos desdichas y más gloria.