
Al cabo de 24 jornadas de Liga se puede asegurar sin miedo alguno que el Alavés nunca ha ofrecido sobre el césped el perfil de un favorito al ascenso. Pero a partir de esa realidad, más o menos asimilada por la masa albiazul desde hace meses, la llegada al banquillo de Carlos Granero permitió al equipo reducir al menos errores para rentabilizar su limitada capacidad futbolística y tirar de algunas individualidades ofensivas. La escalada, apoyada en cualquier caso en la solidez defensiva -seis goles encajados en doce partidos-, se saldó con varias incursiones esporádicas en los puestos de 'play off' y la promesa de presentar batalla.
Pero ahora, cuando llega la hora de apretar y los errores pasan factura con despedida de puntos, el Alavés ha encajado dos derrotas consecutivas, la última bochornosa en Aranda de Duero. Ni los servicios mínimos parece prestar ya el equipo albiazul que, situado a cuatro puntos de la promoción a Segunda, amenaza con tirar la temporada antes de tiempo.
«El equipo se ha caído un poco», admitió un condescendiente Granero, que parecía abrumado tras el 'espectáculo' de sus futbolistas en El Montecillo. También apuntaba el técnico que, pese al batacazo ante la Arandina, no se había tratado de un bajón puntual y sí algo estructural y relacionado con diferentes aspectos, incluidos los rendimientos individuales de sus pupilos. Y es que el mejor Alavés de la campaña apareció entre noviembre y diciembre, sin alardes, para solventar citas en casa y acumular empates fuera que se quedaron cortos para sus merecimientos. Allí perdió la posibilidad de lograr un pequeño colchón y ahora sus huesos reposan sobre el duro cemento.
Desde el epílogo de 2011, con el afortunado pero trabajado triunfo en Miranda de Ebro, el Alavés se ha sostenido con apuros hasta rozar ahora un batacazo anticipado. El pésimo duelo ante la Gimnásica de Torrelavega en Mendizorroza (1-1) fue la primera muestra. La visita a la Real Sociedad B (0-0) y los dos descalabros seguidos frente a Eibar y Arandina son la constatación de un equipo que parece rodar por una pendiente pronunciada.
Físicamente, en precario
Aunque el Alavés no ha destacado precisamente por su regularidad en el rendimiento -sigue sin ganar dos partidos consecutivos-, el reciente bajón, más allá de los resultados, que también los hubo positivos en este inicio de año ante Osasuna B y Real Unión, resulta alarmante. La escuadra albiazul nunca se ha mostrado como un equipo autoritario o dominador del juego a través del balón, pero de ahí a justificar lo visto en las dos últimas semanas, existe un amplio trecho.
El declive físico y futbolístico del Alavés ha resultado evidente en estos quince días. Cuando las circunstancias externas han exigido el máximo en cuanto a actitud y capacidad de choque -con dos campos en mal estado como Ipurua y El Montecillo-, el cuadro vitoriano se ha diluido. Ha bajado la intensidad y con ello su único método para crear problemas a los adversarios, tirar de un estricto y disciplinado sentido colectivo del juego y recuperar balones en zonas comprometidas. A ello se han unido en estas dos semanas negras los errores individuales. Jito no acertó a sacar la pelota del área ante el Eibar en el 2-1 y en Aranda, Palazuelos se enredó en una situación similar ante Diego Antón, que inició la acción del definitivo 1-0. Claro que en ambos partidos cualquier otra concesión, que se dieron, pudo haber acabado en las redes de Rangel.
A los problemas albiazules se une también la saturación de futbolistas como Sendoa o Geni (14 goles entre ambos) y la lesión de Quintanilla, el único defensa que ha mantenido la regularidad dentro del nivel exigible de contundencia y velocidad para un central del Alavés. Un futbolista que, en la apresurada y desacertada planificación de la temporada, llegaba para cubrir una plaza en el medio centro y así arrancaba el curso.
«Trabajar y trabajar»
Si el diagnóstico del Alavés a estas alturas parece claro, cualquier mínima bajada de tensión en los partidos le convierte en un competidor más de la categoría porque los recursos son limitados; y la solución, también. «Trabajar y trabajar», advirtió Granero después del choque frente a la Arandina, donde admitió la necesidad de un cambio para aspirar a la pelea por los puestos de 'play off'. Si el equipo carece de la mínima chispa en esta fase, no puede faltar el «coraje y la casta» que demandaba Rangel tras el reciente bochorno.
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