
José Carlos Granero reclama constantemente a su equipo que debe ser capaz de jugar toda clase de partidos, condición innegociable para cualquier aspirante al ascenso. Pero el Deportivo Alavés volvió a dejar patente en Ipurua que todavía está muy lejos de ese estado. Ayer no supo leer el encuentro de la manera más adecuada y, aunque se escude en que los dos goles del Eibar llegaron tras un rechace y un fallo defensivo -el suyo también fue fruto de un rechace-, no estuvo a la altura de lo que demandaba un choque complicado por todas las circunstancias que lo rodeaban -rival, escenario y condiciones del terreno-.
Consecuencia, segunda derrota de la 'era Granero' -las dos ante rivales de 'play off' (Ponferradina y Eibar)- y frenazo clasificatorio. A quince jornadas del final el conjunto albiazul vuelve a estar fuera de la zona de promoción, a dos puntos del Amorebieta, que tiene un partido menos, situación que empieza a ser incómoda e inquietante, cuando menos.
La solidez creciente exhibida desde la llegada del técnico levantino -seis goles encajados en sus doce primeras jornadas- empieza a presentar ciertas fisuras -cuatro en las dos últimas- y el Alavés cayó en Eibar víctima de sus propios errores. Falta de contundencia en el primer gol armero, en el que la zaga albiazul no acertó a despejar, y fallo garrafal de Jito en el segundo, en el que se puso a regatear en el área propia cuando la única elección acertada era alejar el balón de las inmediaciones de la portería de Rangel.
La zaga echó de menos la presencia de Quintanilla -tampoco un Alavés puede llorar la ausencia de un jugador que a priori partía en la recámara- y Granero se vio obligado a variar sus planes de colocar a Moya en el lateral izquierdo, donde finalmente sufrió el polivalente Asier Salcedo, un tanto desubicado. Y de ahí en adelante se echó en falta, sencillamente, una idea de juego.
Por inercia
El conjunto albiazul arrancó desdeñando el balón, con algunos pelotazos incomprensibles a tierra de nadie. De acuerdo que Ipurua no es el escenario idóneo para el fútbol combinativo, y menos ayer, pero una cosa es adaptar el estilo a las circunstancias y otra renunciar a cualquier atisbo de fútbol. El Eibar, de hecho, lo hizo por momentos y el gol del Alavés llegó cuando se dieron algunos pases seguidos. El balón largo en busca de Azkorra, bien en el juego aéreo y de espaldas, era un buen recurso, pero escaso cuando es el único.
Y en esa batalla se impuso el Eibar, que dispuso de más y mejores llegadas -dos balones bajo palos sacados por defensores visitantes- hasta terminar arrinconando a un Deportivo Alavés que, hasta la obligada e intermitente reacción de final, se fue vulgarizando con el paso de los minutos. Faltó carácter -o falta carácter, más bien- y, como había anunciado Mandiola, el conjunto armero terminó ganando «por inercia».
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