
Real Unión y Deportivo Alavés son los dos clubes más antiguos del Grupo II y los dos únicos, junto al Salamanca, que han saboreado las mieles de la Primera División; dos candidatos con un único objetivo, recuperar la categoría perdida hace dos y tres temporadas, respectivamente. Pero, transcurridos 21 encuentros del campeonato, ninguno de los dos ocupa zona de 'play off'. En cinco jornadas la han pisado los guipuzcoanos, por cuatro de los albiazules. No terminan de arrancar; son dos 'gallitos' obligados a reinventarse.
Así lo entiende el técnico unionista, el vitoriano Roberto Olabe, que se ha hartado de repetir que su equipo no le ha cogido el truco aún a la Segunda B. «Nuestro reto es volver a parecernos a un equipo de la categoría», subraya. Y es que el conjunto fronterizo se sobrepuso a un dubitativo arranque para colocarse entre los cuatro primeros entre las jornadas 12 y 16, pero un pésimo balance de dos puntos de los últimos 18 posibles les ha descolgado del vagón de cabeza hasta el punto de jugarse buena parte de sus aspiraciones de reengancharse en el encuentro de esta tarde en Mendizorroza.
Las numerosas bajas han mermado las prestaciones irundarras, pero Olabe lo tiene claro, sin paños calientes. «Podríamos empapelar de excusas el vestuario, pero tenemos que subir nuestro nivel de solidez y de madurez para competir como exige la Segunda B», incide. Y pone un ejemplo elocuente: «Si el partido se pone como queremos nosotros jugamos buenos partidos; si no, no somos capaces de estar a la altura».
Metamorfosis albiazul
Y pone como modelo, precisamente, el Alavés de Granero, que, aunque a duras penas y con un marcado carácter discontinuo, supo reengancharse a la zona noble de la tabla después del mal inicio firmado a las órdenes de Luis de la Fuente. De ser el equipo más goleador del grupo con el riojano, el conjunto albiazul ha pasado a ser el menos goleado desde la llegada del levantino, con el que únicamente ha perdido un encuentro. Solo ha encajado seis tantos en doce jornadas, dos menos que el Mirandés, el Eibar y el Sestao en este mismo período.
«El Alavés es un ejemplo de lo que estamos hablando. Ahora compite diferente. Con De la Fuente quería jugar a ganar pasara lo que pasara y con Granero lo que no va a hacer es perder ante un rival inferior por un descuido. No es un equipo que esté brillando en el juego, pero sí solvente, que no te regala, consciente de que tiene luego argumentos de calidad para ganar los partidos. Y está creciendo en base a eso», analiza Roberto Olabe. Es lo que reclama a los suyos, «defender mejor para atacar mejor».
José Carlos Granero agradece públicamente las palabras de su homólogo en el banquillo fronterizo. Le ratifican en su idea y en su discurso. «Desde que llegué he dicho que, sobre todo, hay que buscar un equipo que sepa competir, adaptarse a la categoría y jugar toda clase de partidos», reflexiona.
Fichajes invernales
El suyo es un Alavés más ordenado, más equilibrado. Colocó a Quintanillia de central, ha movido de sitio a Sendoa y Salcedo, utilizado la variante de Casares en punta e incluso dado un toque de atención público a la plantilla. Todo para enderezar el rumbo de una nave que navegaba a la deriva. Se trata de «reinventarse y adaptarse, porque muchas veces uno no puede implantar el modelo de juego que quiere, bien por los jugadores que te encuentras, los campos o el rival».
La mejoría es evidente, aunque todavía le falta la continuidad que se le debe exigir a un aspirante. «Nosotros empezamos a tener clara una identidad. Es posible que el Real Unión ande un poco a la búsqueda de la suya, pero no me cabe ninguna duda que con ese entrenador, que es muy experto, y esos jugadores va a encontrar el camino», dice en comparación con su rival de esta tarde, otro 'gallito' obligado a rectificar.
Hay diferencias, claro. La primera y más notable es que el club vitoriano ya ha agotado la bala del relevo técnico. Granero cogió el testigo de Luis de la Fuente en la jornada 10 y el promedio albiazul a ha pasado de 1,44 a 1,75 puntos por encuentro. El de Olabe es de 1,38, pero el Real Unión mantiene al vitoriano en el banquillo.
De momento, le ha 'regalado' dos incorporaciones en el mercado de invierno, los osasunistas Ekhi y Galán -cedidos-, por las tres que ha hecho el Alavés, Palazuelos, Meza Colli y Tortosa -la versión oficial del club albiazul es que no habrá más-. Se siguen reinventando, como corresponde a los equipos que no han hecho los deberes cuando llegan a esta fase.
«Incapaz de reiniciarte»
También hay similitudes, como la lógica frustración de dos aficiones acostumbradas a batallas más gloriosas que la actual. «Cuando la expectativa es alta en base a un proyecto, si no se cumple aparece la desconfianza», asume Olabe, consciente de la dificultad que entraña resetear esos proyectos.
«En enero ninguna clasificación es definitiva, pero un problema que tenemos los equipos que en un principio somos aspirantes a algo es que cuando te descuelgas del objetivo eres incapaz de reiniciarte», concluye el técnico vitoriano, que pone en contraste la situación del Mirandés, «un ejemplo», la confirmación de «un proyecto que nace sin prisas y con paciencia».
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