
Cuatro minutos en el campo bastaron ayer a Jito para meter el desatascador y limpiar de impurezas ofensivas un partido que, ya inmerso en el tramo final, amenazaba con escaparse. Primero la modorra inicial del Alavés y después su escasa precisión rematadora habían indultado hasta entonces a un tibio Bilbao Athletic que mostró disciplina táctica, pero también se convirtió, sin Igor Martínez, en el rival más inofensivo que ha pisado Mendizorroza. Justo antes de que llegaran los nervios finales, el delantero albiazul acertó a meter la bota en el primer palo tras una falta botada por Salcedo y zanjó el choque. Tercera victoria consecutiva, liderato provisional a la espera del choque del Eibar y, de nuevo, la constatación de que la escuadra albiazul se mueve con soltura ante todo tipo de circunstancias y, con la plantilla al completo, disimula carencias y acentúa virtudes.
Refrescar el equipo con Jito y Calderón -el 'Pichichi' de la pasada campaña y un extremo explosivo- resulta un privilegio al alcance de pocos. El Alavés había cambiado de marcha tras el descanso tras un arranque de partido acorde con el horario, como si los futbolistas albiazules hubieran saltado al césped con legañas tras la siesta o atiborrados de pastas después el café. En esos primeros minutos, el ex albiazul Reguero -después inédito- dio trabajo a Montero y tras un córner se rozó el autogol albiazul. Avisos que se diluyeron a partir de ahí. La zaga, sin grandes apuros, evitó después concesiones ante la bisoñez rojiblanca.
Otro posible penalti
Tomé había optado por introducir un solo cambio respecto a la última alineación. Cuesta entró en el campo por Pardo y la modificación llevó a Ander Alaña al centro del campo, acompañado por Indiano en el doble pivote. Esta variación apenas supuso alteraciones reales sobre el juego. Claro que al Alavés le costó demasiado adquirir el punto de tensión necesario para doblegar a un rival temeroso. Le colocó en problemas cada vez que forzó situaciones cerca del área y presionó a bloque, pero su fútbol resultó disperso en muchos minutos.
Que sigue sin existir fortuna con los penaltis -cinco en contra y ninguno a favor- lo volvió a constatar la decisión de Uson Rosei en un derribo a Rico. El colegiado señaló una falta fuera del área al extremo, que pareció ser objeto del último empujón dentro. Tampoco atinó el Alavés en sus escasos momentos de lucidez hasta el descanso. Casares, el mejor albiazul por su intensidad y desborde, rozó el tanto y Geni desperdició la más clara al no atinar con un centro medido de Salcedo. El vitoriano, excelente en los golpeos a balón parado, acabó por ser decisivo.
Reacción, control y gol
El Alavés, que volvía a producir más ocasiones que fútbol combinativo, apretó por obligación tras pasar por el vestuario. Adelantó todas sus líneas para exigir al rival en campo contrario y por ahí llegaron minutos de clara superioridad. Recuperaciones más cerca del área contraria, continuidad por la nulidad ofensiva del adversario y un Casares que complicada a la zaga adversaria en cada intervención. Con velocidad, regates y algún centro preciso, anunció que el gol estaba cerca. Más que por la otra banda, donde Rico mantenía la línea de frialdad de los últimos choques. Aún así, solo un defensa evitó uno de sus remates, con el portero batido tras un choque con Geni.
Pero Tomé tiró de pólvora desde el banquillo y el equipo se aferró a Jito y Calderón. El primero marcó con un sutil toque su quinto tanto de la temporada y el segundo desquició a Saborit. Le sacó la falta del empate, caracoleó con la zaga bilbaína en muchas ocasiones y acabó por forzar la expulsión del lateral a un minuto del final. Nunca sufrió el equipo albiazul pese al exigüo resultado, más allá de su incontenible frenesí, que volvió a llevarle a cometer un exceso de faltas innecesarias cerca del área.
El resto del espectáculo corrió otra vez a cargo del colegiado de turno. La expulsión de Saborit coincidió con el tiempo reglamentario, pero el cartel del descuento no apareció. Solo emergió en el minuto 49, después de los desesperados intentos del delegado de campo y Tomé por conocer cuánto se extendía la prolongación. Ante la estupefacción general y tras numerosas idas y venidas hasta el centro del terreno de juego, el árbitro decretó otros tres minutos de descuento, donde cayó Bóveda por doble cartulina. Anécdotas de Segunda B, esta inocua, de las que el Alavés tiene ya un baúl repleto en trece jornadas.
En este tramo la cosecha es de 27 golosos puntos, una cifra acorde con la proyección necesaria para liderar el grupo. Resta mucho, pero la escuadra albiazul afila su perfil de candidato a todo.
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