MUJERES EN MENDIZORROZA

Historias en albiazul

Las féminas han tenido un importante protagonismo en las gradas del campo de fútbol del paseo de Cervantes casi desde los mismos inicios del Deportivo Alavés

MUJERES EN MENDIZORROZA
Santiago de Pablo
SANTIAGO DE PABLO

Aunque ya hubo un intento en este sentido hace tiempo, 2017 ha sido un año histórico para el club, con la puesta en marcha del Alavés Gloriosas, la estructura de fútbol femenino albiazul. Su primer equipo compite este año en el Grupo II de Segunda División después de llegar a un acuerdo con el CD Gasteizko Neskak, que lleva más de veinte años trabajando en este terreno.

En comparación con otros deportes, la integración de las mujeres en el fútbol ha sido tardía y difícil. Todavía en 1970, el diario vitoriano ‘Norte Exprés’ publicaba un artículo sobre la posible oficialización del fútbol femenino en España. Mientras la Federación se mostraba dispuesta a aceptarlo, Alicia Lage, encargada de Educación Física en la Sección Femenina del Movimiento, creía que el fútbol no era «un deporte idóneo para la mujer».

Pero en una España en pleno cambio, las opiniones estaban divididas: el propio periodista que firmaba la noticia creía que la «cerrazón» de Lage era un resabio «medieval» y explicaba que, especialmente en Bilbao, había bastantes «mujeres con ganas de emular a los grandes profesionales». Además, pese a la situación dictatorial que aún vivía España, las reticencias no eran solo cosa del franquismo. Por ejemplo, el primer Campeonato Mundial femenino organizado por la FIFA no se celebró hasta el año 1991.

Por otro lado, hay que destacar que, pese a no haber participado hasta hace unos años en la historia albiazul como jugadoras, las mujeres han tenido un importante protagonismo en las gradas de Mendizorroza casi desde los mismos inicios de la entidad. Por ejemplo, una fotografía conservada en el Archivo Municipal muestra a Encarnación Viana, una de las primeras concejalas de Vitoria, nombradas durante la Dictadura de Primo de Rivera, asistiendo a un encuentro en 1927 en el palco de Mendizorroza, junto a varias mujeres más.

Parece que las otras dos ediles designadas en esa etapa –Teresa Sáez de Quejana y Pilar Martínez de Pisón– no frecuentaron el palco, pero la imagen refleja bien el cambio social que se estaba iniciando, en plena eclosión de la sociedad de masas: una concejala asistiendo como autoridad a un partido de fútbol, entrando así en dos terrenos reservados tradicionalmente a los hombres. Habría que esperar a la etapa final del franquismo para que otras tres mujeres fueran de nuevo concejalas en Vitoria, aunque no sé si acudían o no a los partidos.

También los datos oficiales de socios de los primeros años del club reflejan que siempre hubo un importante porcentaje de aficionadas: por ejemplo, en junio de 1926 el Alavés tenía un total de 1.103 socios, de los que 262 eran niños y 231 mujeres. Estas últimas sumaban un 21 % del total, un porcentaje muy alto si tenemos en cuenta la mentalidad de la época y el carácter predominantemente masculino del fútbol durante mucho tiempo. Este porcentaje se mantuvo en los años siguientes: en 1928 las abonadas eran 294 de un total de 1.549; y en 1929, 439 de 1.763. La cifra descendió en los años siguientes, que fueron muy críticos para el Alavés, y además el club ya no distinguía en sus datos las mujeres de los socios infantiles por pagar ambos la misma cuota.

También las imágenes de las gradas alavesistas de los primeros tiempos indican que, aunque la mayoría de los asistentes eran hombres, siempre había presencia femenina: en una foto de 1927, casi todas ellas se agrupan en la primera fila, lo que parece ser un signo de deferencia por parte de los espectadores varones.

Asimismo, desde muy pronto la prensa hizo comentarios sobre la presencia femenina entre la afición albiazul, y no solo en los partidos de casa sino incluso en los que el Alavés disputaba fuera. Así, con motivo de un partido contra la Cultural en Durango, «varias señoritas» pidieron que se fletaran «dos autobuses para marchar a presenciarlo». Este tipo de notas incluían muchas veces adjetivos que hoy resultan chocantes, añadiendo el calificativo de «bellas» o «encantadoras», al hablar de las espectadoras. Pero el hecho es que la mujer se estaba haciendo un hueco en el espacio público, cuyos frutos pueden verse en la actualidad.

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