Las Palmas - Alavés

Cuando el milagro se transforma en historia

Los jugadores del Alavés, antes de partir hacia Las Palmas./Rafa Gutiérrez
Los jugadores del Alavés, antes de partir hacia Las Palmas. / Rafa Gutiérrez

El Alavés, salvado en la práctica desde hace semanas, puede sellar hoy su permanencia matemática con una victoria frente al moribundo Las Palmas

Iñigo Crespo
IÑIGO CRESPO

Al fin llegó el día. Aunque el Alavés tenga garantizado su puesto en Primera División desde hace semanas a efectos prácticos, la espectacular hazaña que ha protagonizado en algo más de cuatro meses necesita y merece una celebración por todo lo alto. La prudencia (puede que excesiva) que ha rodeado al conjunto albiazul desde su triunfo sobre el Levante y los continuos pinchazos de sus perseguidores pueden encontrar esta tarde el estallido de éxtasis más esperado en Gran Canaria, donde le espera un moribundo Las Palmas, que dejó de creer en los milagros cuando recibió la sentencia de muerte en el minuto 94 de la última jornada.

El sello matemático a una de las grandes remontadas de los últimos años, al menos entre los modestos, apenas supone un trámite para el conjunto albiazul, ya que si no llega hoy lo hará en cuestión de tiempo. Pero el Alavés y su entorno no deben desaprovechar la oportunidad de lograrlo con un triunfo para poner el mejor broche a una gesta difícil de repetir. La fiesta sería completa. Parecía imposible incluso soñar con que llegara este día durante los negros meses de agosto, septiembre, octubre y noviembre, que dejaron al equipo hundido a seis puntos de los puestos de permanencia y una insoportable sensación de desfallecimiento y pesimismo. Hoy, el club vitoriano se muestra como uno de los más sólidos, con una puntuación que le permitiría optar a una plaza europea desde la llegada de Abelardo a su banquillo.

En otro mundo se encuentra Las Palmas, cuyo rendimiento ha sido deficiente durante toda la temporada, aunque contaba con más opciones de sobrevivir cuando se cumplió el primer tercio de la campaña. La atmósfera, sin embargo, se enrareció de manera irreversible desde el final de la primera vuelta, y el bloque amarillo es hoy un grupo caótico, sin fe y agonizante, que espera la fecha de su ejecución casi sin ánimo de posponerlo. Los de Paco Jémez, cuya imagen se ha deteriorado de forma imparable en los últimos meses por sus estridencias y frases grandilocuentes, encadenan cuatro derrotas y once partidos sin conocer la victoria, desde el pasado 5 de febrero ante el Málaga, ya descendido. Aquel fue el último signo de vida que se registró en el Estadio Gran Canaria, además del sorprendente empate frente al Barcelona.

El Alavés tiene la única duda de Víctor Laguardia, que arrastra una pequeña contractura en el cuello. El central entró en la convocatoria y será titular si recupera la movilidad completa sin molestias. Es probable que Manu García regrese a su puesto en el centro del campo tras descansar el jueves, y más visto el carácter revulsivo que tuvo en la segunda mitad ante el Girona y el decepcionante papel que jugó Torres. En cuanto a las bandas, Abelardo podría apostar de nuevo por Sobrino o devolver al once a Pedraza, ya recuperado de su esguince de tobillo.

Continuar la escalada

Pero el duelo de esta tarde esconde además la posibilidad de prolongar la brillante escalada del Alavés, que merece un puesto más próximo al centro de la tabla por su excepcional rendimiento durante los dos últimos tercios de la Liga. Más allá de la permanencia, que es ya un hecho solo a falta de su festejo, el conjunto albiazul ocuparía la decimotercera plaza de manera provisional, al menos hasta el encuentro del Athletic, que mañana recibirá al Levante.

El funeral de Las Palmas, al que una derrota condenaría de manera definitiva a Segunda, puede convertirse en el escenario de la gran fiesta del Alavés, que se encontraba psicológicamente desahuciado tras la jornada 13. Los albiazules, además, tienen todavía reciente la derrota contra el Girona, en la que estuvieron a punto de lograr la igualada en un orgulloso arreón final. Pero la espesa oscuridad que ha perseguido a los vitorianos puede evaporarse en Gran Canaria.

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