Marcando a Quini

Recuerdo de los partidos que el mítico delantero recientemente fallecido jugó contra el Alavés

Los jugadores del Alavés y el Levante así como todo Mendizorroza en pie, durante el minuto de silencio en memoria de Quini. /Igor Aizpuru
Los jugadores del Alavés y el Levante así como todo Mendizorroza en pie, durante el minuto de silencio en memoria de Quini. / Igor Aizpuru
SANTIAGO DE PABLO

Pocos futbolistas han despertado tanta simpatía como el recientemente fallecido Enrique Castro, Quini, no solo por su calidad deportiva sino también humana. Así lo demostró, por ejemplo, con ocasión de su insólito secuestro por delincuentes comunes en el año 1981. Después de ser rescatado por la Policía, no solo perdonó a sus captores, sino que renunció a la indemnización que le correspondía. Años más tarde, incluso, llegó a reunirse con uno de ellos, al que le dio su número de teléfono por si lo necesitaba. Preguntado por esta inusual conducta, Quini respondió: «La vida es muy difícil. Todos merecemos una segunda oportunidad».

Salvo error u omisión, las trayectorias de Quini y el Alavés se cruzaron en dos temporadas, ambas en Segunda División, aunque en coyunturas muy distintas. En 1968-1969, él era un joven jugador que acababa de llegar al Sporting procedente del Ensidesa. Disputó el partido contra el Alavés en El Molinón el 2 de marzo de 1969, que acabó con un contundente 6-2 y marcó uno de los goles de su equipo. A partir de esa campaña, el Sporting y el Alavés emprendieron caminos opuestos, pues este último descendió a Tercera División y más tarde, a Regional, mientras los asturianos solo tuvieron que esperar un año más para subir a Primera.

En 1976-1977, los dos conjuntos volvieron a coincidir en la Liga. Quini no era ya un joven desconocido, sino una de las grandes figuras del fútbol español, hasta el punto de haber sido ‘Pichichi’ de Primera el año anterior, pese al descenso de su equipo. Ese verano, el Barcelona había intentado ficharle infructuosamente, ofreciendo 50 millones de pesetas por su traspaso. Finalmente, Quini ayudó ese ejercicio al Sporting a retornar a Primera, siendo además el máximo goleador de su categoría. Incluso fue llamado de nuevo por Kubala para formar parte de la selección española absoluta, a pesar de jugar en Segunda.

Los dos Alavés-Sporting de ese año terminaron con empate a uno. Quini era la estrella a seguir, hasta el punto de que la prensa, comentando el partido del 26 de septiembre de 1976, habló de la «sicosis Quini» y calificó al atacante como «el gran reclamo del Alavés-Gijón de Mendizorroza». «Cuando llega el Sporting -suponemos que ocurrirá en casi todos los campos-, surge la ‘sicosis Quini’, no solo en el terreno de juego, sino también en los graderíos. Parece como si todas las miradas estuvieran puestas en el internacional gijonés (…). Los hombres encargados de marcarle, y aún los que no tienen esa misión, observan todos los movimientos de Quini aunque el balón esté muy alejado del delantero centro asturiano».

Pese a ese marcaje especial, el atacante rojiblanco marcó el gol de su equipo, equilibrando así el que obtuvo Jorge Valdano para los albiazules. Preguntado por los periodistas, Quini calificó como «muy buena» la actuación del Alavés aquel día: «Nosotros hemos sacado un punto, pero reconozco que tiene un gran equipo, muy luchador además. Si juega siempre como en la segunda parte, aquí no ganará nadie esta temporada», sostuvo el protagonista.

Parecía que Quini se había acostumbrado a marcar siempre que jugaba contra el Alavés, pero en el encuentro disputado en El Molinón el 6 de febrero de 1977 no pudo, en cambio, perforar la portería de Rodri. Las crónicas de la época señalaron que «una de las pesadillas con que se encuentran todos los equipos a la hora de enfrentarse al Sporting es, sin lugar a dudas, el internacional Quini, máximo goleador de la pasada temporada en Primera División y cabeza de fila en la presente en tales menesteres. Si se consigue anular a Quini, la vanguardia del Gijón queda en la mínima expresión (…). Ayer aconteció esto».

El mérito fue, sobre todo, del defensa albiazul Bea, quien «brilló a gran altura en su labor de ‘secante’ de Quini y no le dejó ni a sol ni a sombra». El entrenador del Sporting, Vicente Miera, reconoció que su equipo dependía «en parte de Quini y cuando los marcajes que se le hacen son como el de hoy, nos cuesta mucho hacer gol».

Cuarenta años después de este férreo marcaje, el último ‘encuentro’ entre Quini y el Alavés tuvo lugar la pasada semana, cuando el estadio de Mendizorroza guardó un emotivo minuto de silencio en su memoria, en los prolegómenos del enfrentamiento de Liga contra el Levante.

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