DEPORTIVO ALAVÉS

Luto en el alavesismo por el fallecimiento de Emilio Arbaizar

Arbaizar, con la camiseta del Alavés. /Jesús Andrade
Arbaizar, con la camiseta del Alavés. / Jesús Andrade

Militó en el equipo albiazul durante cinco temporadas y logró con el Glorioso ascender a Primera en la campaña 1953-54

SERGIO CARRACEDO y OLGA JIMÉNEZ

La familia alavesista está de luto. Este jueves ha fallecido el mítico jugador del Alavés Emilio Arbaizar, que militó en el equipo durante cinco temporadas, desde 1953 a 1958.

Nacido en 1932 en Miranda de Ebro, el jugador albiazul fue uno de los héroes del ascenso a Primera División en el año 1954. Su debut con la camiseta albiazul en Primera División, fue un 13 de febrero de 1955 frente al Real Madrid, y su primer gol lo marcó en Mendizorroza frente al Real Valladolid.

Este delantero rápido y hábil fue entrevistado por EL CORREO hace poco más de un mes, el pasado 27 de mayo, con motivo de la final de Copa disputada ese día.

Aseguraba entonces que iba a vivir con tranquilidad la final de la Copa del Rey. Desde su casa y junto con su inseparable mujer Blanca, esperaron una gesta albiazul que no llegó, o quizá ya la había conseguido, llegar a la final.

A sus 85 años, hace unas semana ya mostraba un delicado estado de salud, aunque mantenía una sonrisa pícara y mirada intensa. Este alavés de adopción, vino a Vitoria para defender los colores del Deportivo Alavés durante cinco temporadas. Y fue uno de los protagonistas de aquel inolvidable ascenso a Primera en la temporada 1953-54, acontecimiento que entusiasmó y enloqueció a una ciudad de apenas 75.000 habitantes.

Sus ocho goles de delantero con olfato fueron importantes para pelear aquella liga tan disputada. «Estuve cinco temporadas, pero jugadores importantes fueron Primi, Gorospe, Echeandía, Remacha» rememoraba para EL CORREO.

Recuerdos en blanco y negro

En el salón de su casa presiden los recuerdos en blanco y negro, como la foto en el estadio de Zorrilla, cuando el Alavés hizo de "sparring" para la selección española. Allí, en el corazón de su domicilio admitía estar «un poco fastidiado de salud, con los bronquios estropeados», y lo achacaba a «fumar como un carretero», aunque recordaba que «cuando jugaba al fútbol no fumaba, pero después me lo he fumado todo», ante el gesto de ternura de su mujer, Blanca. Se conocieron siendo muy jóvenes, cuando el bar Bujanda era el sitio de reunión de los albiazules. «Solíamos pasar por allí, y los jugadores nos decían cosas, pero no les hacíamos mucho caso. Un día me lo presentó una amiga, nos hicimos novios y hasta hoy», recordaba su esposa con nostalgia.

Emilio Arbaizar, en su domicilio de Vitoria, hace sólo unas semanas.
Emilio Arbaizar, en su domicilio de Vitoria, hace sólo unas semanas. / Jesús Andrade

A Emilio no le gustaba el fútbol actual. Se quedó en una época donde «había menos patadas y éramos más técnicos. Ahora, el juego es más sucio». Cuando colgó las botas, estudió ingeniería técnica industrial y dedicó su vida a su profesión y a otras dos grandes pasiones: el esquí y el golf. Perdió el entusiasmo por el fútbol, aunque ha seguido por la tele las andanzas del Glorioso esta campaña. «El Alavés está como un cañón. He visto que en defensa son muy fuertes y que es un equipo ganador», aseguraba en la previa de la Copa, mientras analizaba desde su perspectiva como aficionado, sin pararse demasiado en destacar a los actuales integrantes de la plantilla.

Regreso al pasado

El esfuerzo de memoria le resultaba más liviano cuando las preguntas se referían al pasado. «Ya sé que esta Copa es histórica. Creo que es la mejor época del Alavés, aunque ha habido cosas muy bonitas en su historia, como nuestro ascenso a Primera. Esperemos que se estabilice ya de una vez en la división», deseaba desde la parte de su corazón en blanco y azul.

Emilio Arbaizar perdió dos meniscos y un ligamento cruzado por el camino en su vida como futbolista. También perdió la cuenta de sus tantos con la elástica del club babazorro y los múltiples recuerdos de una década, los años 50, cuando aquel bravo equipo albiazul resurgió potente otra vez. Seguro que, en lo más profundo de su subconsciente, tendrá la tímida satisfacción de haber sido el protagonista de una parte de la gloriosa historia del Deportivo Alavés y de haber sido uno de los grandes de la familia albiazul.

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