De lo imposible a lo probable

Como ya no había nada que perder, a empujones, con el corazón y algo de suertecilla, el Alavés dio vuelta a un partido perdido en Girona

De lo imposible a lo probable
RAÚL ALÚSTIZA

Esto es fútbol» fue la afirmación más repetida en ambos bandos después del partido de Girona. Está claro que el fútbol es un juego infinito en el que cabe toda complejidad humana, tanto los valores como las miserias, lo mejor y lo peor, lo posible y lo imposible, la suerte y la mala suerte, lo lógico y lo ilógico, lo esperado y lo inesperado... Y cuando se dan las peores situaciones y circunstancias, por algún misterio ancestral se revierten las cosas y funcionan como si se hubieran aplicado criterios de trabajo lógicos y coherentes.

El misterio ancestral está en que un colectivo humano, en un deporte tan impredecible como es el fútbol y en situaciones anímicas límite como en las que nos encontramos, aparecen soluciones inesperadas y sorprendentes, que aunque parecen ilógicas, no dejan de ser una lógica de este juego. Por lo tanto debemos agarrarnos a la fe, eso que hace que creas que es probable lo que parecía imposible. Es lo que tiene este maravilloso deporte, que es muy fácil de entender lo que ocurre pero muy difícil de explicar su porqué. Es lo mismo que cuando descubrió Newton lo de la Teoría de la Gravedad al observar caer una manzana del árbol. Todo el mundo entiende que la manzana cae siempre hacia abajo, lo que no sabemos la mayoría es explicar el porqué, y ahí apareció Newton y lo aclaró. Algo parecido debiera hacer ‘Pitu’ Abelardo. Ver que el Alavés no está fino es una evidencia, pero saber por qué no es tan fácil.

Seguiré insistiendo que esto es como un motor, donde es más importante que las piezas encajen, ajusten o engranen a la perfección, que estas sean de buena calidad. Si son de buena calidad, mucho mejor, pero si no ajustan bien, el motor no rinde. Y una cosa que da fluidez y sincronización en el funcionamiento del motor es una buena lubricación, lo que en el fútbol sería el estado anímico, el mejor lubricante que existe para el funcionamiento colectivo, sabiendo que esto, lo colectivo, hace mucho mejores a cada una de las piezas.

Así pudimos ver cómo el Alavés perdía muchos balones en situaciones no forzadas. Yo llegué a contar unas 60 posesiones desperdiciadas en el partido, de las cuales 30 no fueron forzadas. Evidentemente, si perdemos alrededor de 30 posesiones que podrían haber terminado en las proximidades del área rival, son muchas, porque entre otras cosas, las que nosotros perdemos no desaparecen del campo, las aprovecha el contrario. Por lo tanto, 30 que no tenemos y 30 que regalamos, además de las que se pierden obligadas, no existe sistema ni planteamiento ni alineación que lo sostenga, y uno de los que más lo sufre es la pieza principal, Medrán.

Ahora hay que explicar por qué se pierden con tanta facilidad sin dar continuidad a las posesiones, dando la impresión de torpeza, de imprecisión e incluso de apatía. Yo considero que hay dos razones casi incuestionables. La primera, por la falta de lubricación o lo que es lo mismo, un buen estado anímico que genera atrevimiento, convencimiento, seguridad, incluso fantasía, para darle dinamismo, fluidez y continuidad a las acciones en la circulación. Y la segunda y evidentemente muy condicionada por la anterior, por falta de sincronización en los automatismos. La fluidez y el dinamismo en la circulación y en las combinaciones no son cuestión de voluntad, esfuerzo o planteamiento, ni por supuesto por explicar mil veces en la pizarra, sino porque surge automáticamente por el hábito, por su práctica y por esa empatía táctica que genera el trabajo diario. Y de esto tampoco andamos muy allá, ya que con tres entrenadores, tres ideas y una mala pretemporada no es fácil sincronizar la maquinaria.

Pero volviendo al inicio, como esto es fútbol, no solo de los aspectos tácticos, técnicos incluso físicos vive este juego, sino que los hay emocionales que suelen ser decisivos en un partido. Me estoy refiriendo a ese concepto táctico-anímico como es la acción-reacción, un concepto decisivo en el fútbol, que se suele definir como, «a la erótica», y del que el equipo echó mano en los últimos veinte minutos, aunque algunos atribuyen a los cambios. Yo creo que fue más por la situación. Y como ya no había nada que perder, a empujones, con el corazón y algo de suertecilla, se dio vuelta a un partido imposible.

Y no puedo terminar sin resaltar el partidazo del chaval Martín Aguirregabiria y el valor que ha dado a nuestra descuidada cantera. Es lo de siempre, de la necesidad surge la solución, o por aquello de que no hay bien que por mal no venga, ha resultado decisivo para arriesgarse en una solución que debiera de ser habitual. Por cierto, es un ejemplo de cómo no está contaminado por esos miedos que arrastra el Alavés, y así vimos que se atrevía a realizar cosas que otros en su caso no se hubieran planteado.

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