Fútbol

El Alavés se sumerge en la depresión

Pedraza y Munir se retiran cariacontecidos del terreno de juego./Igor Aizpuru
Pedraza y Munir se retiran cariacontecidos del terreno de juego. / Igor Aizpuru

Regala dos goles en los nueve primeros minutos de un arranque patético para mostrar luego toda su impotencia y caer vapuleado

Fernando Ruiz de Esquide
FERNANDO RUIZ DE ESQUIDE

El Alavés se ha sumergido este sábado en la depresión y necesitará una medicación fuerte si pretende volver a la actividad laboral. Cuando la escuadra albiazul trataba de construir ladrillo a ladrillo un edificio discreto, pero al menos sólido, se derrumbaron los cimientos. Con todo el estruendo y esa sensación cada vez más evidente de haber utilizado de inicio material defectuoso. Fue en nueve minutos iniciales de inexplicable absentismo defensivo que aprovechó el Getafe, con dos goles, para convertir un partido decisivo en una victoria casi asegurada. Por la vía rápida.

La invitación albiazul al adversario para representar el familiar ‘Bordalás’ -asegurar el área propia, cortar el ritmo y buscar el contragolpe-, dio paso después a la habitual impotencia vitoriana con el balón. Por momentos, incluso, a un repaso futbolístico de primer orden por parte de un oponente que hasta se gustó en su superioridad. Santos maquilló al final el todavía sonrojante 4-1, aunque solo las manoplas y pies de Pacheco evitaron que el marcador alcanzara proporciones de goleada histórica. Así, con la cara magullada por uno de esos golpes que provocan el k.o. y que como medida preventiva aconsejan una visita al hospital para quedar en observación, arrancó el equipo albiazul la fase del calendario donde aspira a asomar la cabeza en la tabla. Por el momento, la ha metido debajo del ala de su incompetencia.

4 Getafe

Guaita; Damián, Djene, Cala, Antunes; Portillo, Arambarri, Markel Bergara (Mora, m. 59), Amath (Fajr, m. 64); Ángel (Álvaro Jiménez, m. 77) y Jorge Molina.

1 Alavés

Pacheco; Vigaray (Ibai, m. 75), Alexis, Ely, Diéguez (Wakaso, m.46.), Pedraza; Medrán, Pina (Burgui, m. 46), Manu García; Munir y Santos.

GOLES.
1-0, m. 5. Markel Bergara. 2-0, m. 8. Jorge Molina, de penalti. 3-0, m. 52. Ángel. 4-0, m. 63. Ángel. 4-1, m. 81. Santos.
ÁRBITRO.
1-0, m. 5. Markel Bergara. 2-0, m. 8. Jorge Molina, de penalti. 3-0, m. 52. Ángel. 4-0, m. 63. Ángel. 4-1, m. 81. Santos.
incidencias.
Encuentro correspondiente a la duodécima jornada de la Liga Santander, disputado en el Coliseum Alfonso Pérez de Getafe (Madrid), ante 10.014 espectadores.

En un equipo que vive de acumular hombres en campo propio y tratar de sorprender a la contra, caben todos los pecados menos el cometido este sábado al mediodía: desintegrarse ante la menor contingencia. Si colocarse con el marcador en contra había sido ya hasta ahora sinónimo de derrota -van diez en doce partidos-, recibir dos goles sin comenzar a sudar solo podía llevar a la hecatombe. Porque, en realidad, entre uno y otro gol apareció el único resquició por donde el Alavés pudo regresar al partido. Pero no es hasta ahora la temporada de Munir con las oportunidades. A su regate y disparo seco en el área respondió Guaita con una mano imponente. El hispano-marroquí, al que poco se puede negar en cuanto a esfuerzo y dedicación, comienza a ser un asiduo en los resúmenes de mejores paradas de la jornada. Mal negocio para un delantero.

Ni atención ni agresividad

No queda otra, si se quiere poner remedio, que detenerse en esos dos primeros tantos donde quedó resumido el partido. Un Alavés con cinco defensas y tres medios centros no llegó a tiempo para obstaculizar el centro de Portillo tras la continuación de un córner ni, lo que aún es más grave, a despejar el balón del área. Después, un pelotazo cruzado de la defensa del Getafe bastó para desestabilizar a toda la zaga y permitir a Jorge Molina controlar el balón cerca del área y forzar el penalti de Diéguez. El joven central vivió un calvario, bien pudo ser expulsado antes del descanso, aunque también otros como Alexis, Vigaray, Ely o Pina, en una retaguardia que quedó retratada. Todo el equipo, en realidad, careció en ese decisivo inicio de la agresividad que define al Getafe. También de la atención en las marcas que había demandado el técnico.

El varapalo, que continuaría después del descanso con dos tantos del activo Ángel, que incluso rozó más tarde el tercero y el cuarto en su cuenta, llegó en un partido donde De Biasi trató de dar más equilibrio al equipo. Con la inclusión de Medrán en el trivote manteniendo a Munir y Santos en el ataque. El venezolano, que volvió a cumplir en el remate con el gran cabezazo final que le sacó de su invisibilidad, es como un paraguas en Sevilla. Puede ser útil en alguna ocasión, pero difícilmente una prenda de diario en una escuadra donde impera el calor abrasador de la falta de alimento para un nueve puro. Un centro preciso -como el que colocó Ibai al final para el 4-1-, es un oasis.

Sentencia, baile y 4-1

En realidad nunca existió partido y sí ese 2-0 que lo marcó todo. Posiblemente, más aún tras la ‘rajada’ posterior del entrenador, para convencer a De Biasi que la apuesta ultradefensiva es la única respuesta. Aunque ni siquiera hubo tiempo para comprobar si un Alavés levemente más alegre es capaz de competir al nivel requerido. A despropósitos como el sucedido en Getafe suelen suceder alineaciones de urgencia, donde las dudas se tratan de resolver por la vía del músculo y el sudor. El técnico alavesista prescindió al inicio de Wakaso y después le elogió en su posición de lateral zurdo. En un Alavés donde Burgui acabó de lateral derecho... Demasiada improvisación de puestos ante la falta de futbolistas que ofrezcan garantías al técnico.

Se produjo, sí, una leve mejora en el inicio de la segunda parte. Apenas seis o siete minutos donde Pedraza, ya con un 4-4-2 y en funciones de extremo, amenazó y el Alavés pareció revivir. Hasta que el Getafe, experto en reducir espacios y también en faltas expeditivas -como la de Antunes sobre Munir en la primera parte-, volvió a colgarse de Ángel para sentenciar. Otra acción, donde el delantero sentó a Vigaray y Alexis para cruzar un punterazo a la red, que dejó a los defensores desnudos. También aceitosos, porque la sucesión de resbalones sobre el césped, casi todos ellos albiazules, fue otro de los misterios sin resolver en el Coliseum.

Desquiciado el Alavés y sometido por momentos a un rondo de entrenamiento poco más quedó por hacer al margen de maquillar el resultado. Levantarse de esta exigirá casi una proeza.

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