A por una fiesta con la que nadie contaba

Wakaso se duele de una falta durante el último partido de Liga ante el Valencia, disputado en Mendizorroza./Jesús Andrade
Wakaso se duele de una falta durante el último partido de Liga ante el Valencia, disputado en Mendizorroza. / Jesús Andrade

El Alavés mide su estado de euforia ante el explosivo Valencia en busca de la sexta semifinal de su historia

Iñigo Crespo
IÑIGO CRESPO

Dicen que cuando uno tiene las expectativas más bajas es cuando más se divierte. El Alavés no ha dejado de mirar de refilón y de manera casi obligada a la Copa. Bastante tenía el equipo vitoriano con su apocalíptico escenario liguero, donde llegó a estar hundido a seis puntos de la salvación. Pero el conjunto albiazul se encuentra ya a solo un paso de alcanzar la sexta semifinal de su historia, la segunda consecutiva tras el subcampeonato del año pasado, acompañado de un estado de euforia desconocida hasta hoy.

Los futbolistas menos habituales interpretaron de manera impecable su papel en la competición del k.o. para evitar desaparecer en el radar de De Biasi, primero, y de Abelardo después. El técnico asturiano dará la alternativa a su segunda unidad, compuesta por jugadores que apenas han gozado de protagonismo en Liga, piezas del filial de Tercera y, en este caso, con hombres con los que no podrá contar el domingo frente al Leganés (Rubén Duarte, sancionado por doble amarilla frente al Sevilla, figura como titular probable). La visita al Valencia, que al fin parece haber apagado su incendio institucional con una auténtica explosión futbolística que lo ha situado en el grupo de cabeza de la Liga, mide el efecto del éxtasis que desató la victoria en Liga sobre el Sevilla en Mendizorroza.

El Alavés, que ayer se entrenó en las instalaciones deportivas de Paterna, mantiene el foco principal en la Liga, donde el domingo recibirá al Leganés en un nuevo duelo determinante para alejarse de los puestos de condena a Segunda División. El conjunto albiazul mantiene intactas sus prioridades y no cometerá la temeridad de desviar su mirada hacia la Copa, por mucho que la entidad de sus rivales la haga ahora más atractiva. «Nuestro objetivo es la Liga, pero vamos con la mentalidad de intentar conseguir un resultado bueno de cara a la vuelta. Queremos ser esa mosca cojonera, la sorpresa con la que nadie cuenta», aseguró Abelardo Fernández poco antes de volar hacia Valencia.

El técnico asturiano anticipó que esta tarde competirán «algunos jugadores» que no participaron en el choque ante el Sevilla, entre los que podrían encontrarse Sivera, Maripán, Sobrino y DDemirovic, la gran sensación albiazul en la Copa con tres goles en la eliminatoria frente al Formentera. Abelardo, además, contempla dar a Hernán Pérez su primera titularidad tras los quince minutos que disputó el pasado domingo en Mendizorroza.

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Pero el Alavés es consciente de que se mide a un Valencia que observa la Copa como una oportunidad de título real. El equipo de Marcelino García Toral se encuentra en el segundo escalón de la Liga, por detrás del frenético ritmo que ha marcado el Barcelona y a un nivel similar al Atlético. Los ches, además, han comprobado que pueden competir con las altas esferas del fútbol español, y más en una competición a doble partido por la explosividad de su juego. En otras palabras, el conjunto de Mestalla sabe que aspirar a la Liga es casi una quimera, y que solo la Copa puede corresponder la desbordante ilusión que ha generado su brillante primera vuelta. «Es uno de los tres mejores equipos de la Liga junto al Atlético y el Barcelona. Incluso tienen opciones de ganarla», admitió el propio Abelardo.

Sin desgaste

Aunque el Valencia también realizará numerosas rotaciones, afronta la eliminatoria ante ele Alavés desde la perspectiva de un sólido aspirante a colarse en las semifinales. Esto no significa que el conjunto albiazul desprecie el torneo del que es subcampeón, pero, a diferencia de su adversario, desea evitar por todos los medios pagar un peaje en forma de desgaste que lo debilitaría en la Liga. Es posible, de hecho, que Marcelino eche mano de hombres como Kondogbia, Parejo o Zaza, cuyo rendimiento se ha disparado en esta primera mitad de la campaña y están llamados a marcar las diferencias en la eliminatoria.

Hacerse con una plaza titular resulta cada vez más inaccesible en el Alavés, que al fin empieza a carburar tras cuatro primeros meses para olvidar. Los menos habituales saben que sus opciones serán cada vez más escasas si el equipo mantiene su progresión, y esa necesidad de aferrarse a la competición es sin duda la gran baza para que los albiazules sueñen con mantener su idilio con la Copa.

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