Alavés - Levante

Exorcismo final en Mendizorroza

Los jugadores del Alavés tuvieron que realizar una sesión en el gimnasio por la densa capa de nieve que cubría la ciudad deportiva de Ibaia/D. A.
Los jugadores del Alavés tuvieron que realizar una sesión en el gimnasio por la densa capa de nieve que cubría la ciudad deportiva de Ibaia / D. A.

El conjunto albiazul, que no conoce la derrota en su feudo con Abelardo, se asoma a la barrera de los 30 puntos, un hito clave para afrontar el último tercio de la Liga

IÑIGO CRESPO

Con todos los demonios que han visitado al Alavés en lo que va de temporada, decir que la permanencia estará sellada en caso de vencer esta noche al Levante produce un inevitable escalofrío. Por una simple cuestión de prudencia y responsabilidad, la afición y el vestuario albiazul evitan dar por enterrado el peligro que hace solo tres meses parecía insalvable. Nadie debería obviar que solo los hundimientos son tan rápidos y feroces como las resurrecciones, por mucho que el Alavés sea hoy el equipo más compacto, seguro y mejor armado de quienes luchan por escapar del descenso. Pero los vitorianos, que desconocen la derrota en su feudo desde la llegada de Abelardo, se asoman esta noche a la barrera de los 30 puntos, uno de los hitos determinantes para afrontar el último tercio de la Liga.

Pocos datos reflejan el asombroso despegue del Alavés de manera más gráfica y fiel que la comparación de su actual rendimiento con la trayectoria que dibujó en la primera vuelta a estas alturas. El equipo había pasado por las manos de Luis Zubeldía y Javier Cabello, estaba a punto de estrenar a su tercer técnico de la campaña (Gianni De Biasi) y su mayor éxito había sido anotar un gol, obra de Manu García ante el Real Madrid en Mendizorroza. Por supuesto, los albiazules no habían logrado ni un solo punto en sus primeros seis partidos, lo que amenazaba con hundirlo sin remedio. De la misma forma que el duelo en el Ciudad de Valencia alimentó la esperanza de manera fugaz, que se quedó en solo un espejismo traicionero, el Alavés persigue esta noche la redención casi definitiva.

La tropa de Abelardo se encuentra ya a punto de ver cómo su nombre desaparece de los candidatos a protagonizar la descarnada lucha por la salvación. Al menos, por sus competidores directos, que se han visto doblegados de manera inapelable en su macabro desfile por Mendizorroza. Las Palmas, Málaga y Deportivo, que visitaron Vitoria en los puestos más ingratos y con el asturiano ya en el banquillo, cayeron sin poder siquiera marcar un gol a Pacheco. El Levante cerrará el ciclo de los equipos que buscan oxígeno en el templo albiazul, que se ha convertido en un auténtico bastión desde el estreno de Abelardo.

La crisis más profunda

El conjunto granota, por su lado, atraviesa su crisis más profunda desde que arrancó la temporada. Su técnico, Juan Ramón López Muñiz, apura su último cartucho ante el Alavés, después de que su afición pidiera su despido durante la derrota del pasado lunes ante el Betis en el Ciudad de Valencia. La hinchada valenciana, de hecho, era su último apoyo ante la presión de la directiva, que tanteó la opción de buscar a otro entrenador tras caer en Anoeta ante la Real Sociedad, justo una semana antes.

Desde hace una vuelta exacta (19 partidos), el Levante solo ha festejado un triunfo, ante Las Palmas en el Estadio Gran Canaria, y fue en noviembre. El cuadro granota ha sobrevivido durante 25 jornadas fuera de los puestos de descenso pese a su desolador balance, en parte gracias a las amenazas incumplidas de sus perseguidores. El clima que se respira en el club valenciano, sin embargo, está a punto de estallar, y solo un triunfo ante el Alavés concedería una última prórroga al asturiano en su banquillo.

El conjunto albiazul recupera a todos sus efectivos, a excepción de Carlos Vigaray, todavía en proceso de recuperación de su edema óseo en la rodilla derecha, y Héctor Hernández, que se encuentra en la recta final de su rehabilitación pero aún le falta algo de ritmo. Todos los futbolistas que han sido reclutados por Abelardo en algún momento de su etapa, por lo tanto, estarán a disposición del técnico, incluido Munir, que se perdió el partido frente al Real Madrid por sanción, y los renqueantes Pedraza y Hernán Pérez, que llegan al duelo de esta noche con tres entrenamientos completados con normalidad.

El idilio con Mendizorroza es el tesoro más valioso que posee hoy el Alavés. Solo el empate ante el Leganés en la recta final, de hecho, impide un pleno de triunfos en la era Abelardo, y solo el Girona, que el martes doblegó al Celta, presenta mejor rendimiento que los albiazules en casa. El templo vitoriano, convertido en un castillo de papel hasta diciembre, ha recuperado su condición de escenario temible, hasta el punto de que la última derrota se remonta ya al 25 de noviembre, cuando el Eibar acabó de raíz con la etapa de De Biasi. Por mucho que el Alavés sea todavía el conjunto que menos posesión promedia de Primera, el deseo por recobrar el protagonismo es mucho más palpable. Los albiazules salen a buscar a su adversario a su campo, ofrecen una naturaleza mucho más vertical y, además, todos los miembros de la plantilla han experimentado un impulso evidente en su rendimiento y confianza.

El Alavés se dispone a dejar cortado al Levante en su lucha por alcanzarlo, ya que un eventual triunfo sobre los granotas dispararía la brecha a once puntos, además del ‘gol average’ tras el 0-2 del Ciudad de Valencia de la primera vuelta. Llegar a los 31 puntos no significaría la salvación definitiva, ya que ningún conjunto ha alcanzado la orilla con un balance tan raquítico, pero devolvería al Alavés al grupo de equipos que conviven con una atmósfera sana y una rutina sin sobresaltos.

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