Alavés

Eficacia y resistencia

Eficacia y resistencia

El Alavés sorprende al Eibar con un inicio brillante y encaja las embestidas del equipo armero para asomarse a la clase media de la Liga

Iñigo Crespo
IÑIGO CRESPO

El Alavés ha borrado cualquier rastro de su pésimo inicio de temporada, que estuvo a punto de certificar su defunción para finales de noviembre. Y no se trata solo de la ya conocida y brillante remontada que han firmado los albiazules desde la llegada de Abelardo a su banquillo hasta conquistar la salvación virtual, sino de la transformación absoluta que ha experimentado el equipo vitoriano. Ya no es un grupo inseguro y frágil, tan inocente en el ataque como cándido en su retaguardia. El triunfo ante el Eibar fue la demostración definitiva de su absoluta metamorfosis: en una vuelta completa, se ha convertido en una formación espartana con el escudo de granito y las lanzas bien afiladas.

Apenas le quedan cicatrices visibles al equipo albiazul de su hundimiento inicial. La última de ellas era el negro balance en los derbis vascos. El Alavés llegó a Ipurua con pleno de derrotas en los duelos territoriales y, sin embargo, en los primeros compases bordó punto por punto el guión de un duelo territorial como si fuera un experimentado ejecutor. Hizo de nuevo gala de la intensidad que recuperó ante el Espanyol y con la que desmenuzó al Getafe en Mendizorroza. Los vitorianos no se limitaron a bloquear los ataques del Eibar, siempre tan directos, concretos y decididos. No desde el inicio. La tropa de Abelardo sorprendió a los armeros con un inicio de encuentro frenético y casi perfecto, en el que Guidetti y Sobrino actuaron como un martillo en la primera media hora de juego.

0 Eibar

Dmitrovic; Rubén Peña, Arbilla, Ramis, Juncá; Dani García (Jordán, min. 69), Juncá; Pedro León Orellana (Iván Alejo, min 84), Inui (Capa, min. 77); Kike García

1 Alavés

Pacheco; Martín, Laguardia, Rodrigo, Duarte; Pina, Manu García; Sobrino (Alexis, min. 85), Ibai (Munir, min. 80), Pedraza (Wakaso, min, 72); Guidetti.

Árbitro
Undiano Mallenco. Amonestó por el Eibar a Juncá y Arbilla, y por el Alavés a Martín
Incidencias
5.754 espectadores en Ipurua

El manchego, encargado de sustituir a Munir en la punta de ataque, firmó una magnífica jugada individual para asistir al sueco. Es probable que Arbilla, quien salió a intentar frenar el avance de Sobrino, necesitara una cadera biónica tras el genial primer quiebro y el recorte previo al pase para el ariete sueco, que definió con maestría y puntería. Tras las certeras combinaciones que realizó el exjugador del Celta con Munir la pasada jornada en Mendizorroza y el impecable grado de entendimiento que mostró en Ipurua con su improvisada pareja, resulta evidente que Guidetti es el hombre que mejor entiende, interpreta y ejecuta los rápidos ataques del Alavés, al menos mientras su físico se lo permite.

El conjunto albiazul mantuvo elevada la amenaza de sentenciar el duelo con un segundo tanto, algo que parecía innegociable para amarrar el triunfo en una jaula tan peligrosa como la del Eibar. Y más con el bombardeo constante que protagonizaron los hombres de José Luis Mendilibar desde ambos costados por medio de Inui y Pedro León. Es cierto que los recurrentes envíos eran un tanto estériles al contar solo con un ariete puro como Kike García, bien anulado por Laguardia, pero la acumulación gradual de camisetas azulgranas comenzaba a producir escalofríos entre los albiazules.

El Alavés se vio obligado a convertir el segundo tiempo en un ejercicio de resistencia absoluta. Los centros al área se multiplicaban (los armeros enviaron casi uno cada dos minutos) y eso obligaba a la zaga vitoriana a permanecer concentrada e inabordable durante todo el encuentro, ya que los azulgranas llegaban a asomar con hasta cuatro rematadores en jugada lanzada. Pero nadie fue capaz de doblegar a Pacheco, que paradójicamente no tuvo que lucirse demasiado. El meta desbarató un envenenado disparo de Pedro León en un lanzamiento de falta escorado y casi sin ángulo en la única ocasión clara de los guipuzcoanos tras la reanudación.

El resto de llegadas del Eibar acabó en un despeje de los centrales, en una falta de coordinación de los delanteros o en un disparo demasiado desviado. Así se sucedieron los minutos hasta que Orellana se activó al encontrar una pequeña grieta en la media punta. El chileno y Kike García se empeñaron en sellar una alianza que no lograron rentabilizar, pues el ariete confundió un disparo a puerta de su compañero en un centro y lo desvió por encima del marco albiazul. El Alavés no terminaba de quitarse de encima a un equipo pegajoso y con unas premisas claras pero casi siempre efectivas. La presencia de los vitorianos en el ataque se evaporó junto con la repentina desaparición de Pedraza, el desgaste acumulado de Guidetti y Sobrino y la versión más descafeinada de Ibai.

Trabajo ingrato

Pero el triunfo, clave para tratar de entrar en la clase media de la Liga y dejar el descenso cortado, no se le podía escapar tras tanto trabajo ingrato. Abelardo, que quizás tardó algo más de lo que requería el encuentro en realizar el primer cambio, introdujo a Wakaso por Pedraza para elevar la intensidad (minuto 72), secar a Pedro León y tratar de mejorar el criterio en la posesión de la pelota. Lo cierto es que la entrada del ghanés no tuvo incidencia directa, como tampoco la tuvieron las incorporaciones de Munir, que entró por Ibai, y Alexis, quien tomó el testigo de Sobrino. El manchego se llevó la mano al gemelo derecho, quizás sobrecargado, aunque no parecía demasiado grave.

El Alavés soportó con entereza y sobriedad las últimas embestidas del Eibar, quien incluso reclutó al portero Dmitrovic en el enésimo balón colgado, y se llevó su primera muesca en un derbi vasco, que además lo sitúa a las puertas de la zona media de la tabla. Esa parcela tan tranquila, pacífica y satisfactoria que parecía una utopía durante su larga y agónica travesía por el purgatorio.

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