Competir no fue suficiente

el contraanálisis

He contado y se llegan a perder más de 30 posesiones por partido sin ser situaciones forzosas. Muchas de ellas no desaparecen del campo sino que se regalan al rival

Jugada del gol del Atlético de Madrid. /
Jugada del gol del Atlético de Madrid.
Raúl Alústiza
RAÚL ALÚSTIZA

Hay que decir que la derrota del sábado contra el Atlético de Madrid tuvo más mérito que el empate de la pasada campaña. El partido de la temporada anterior fue más una consecuencia del azar que de la lógica o del mérito, aunque también hay que decir que el azar en el fútbol es parte de su lógica del juego. Pero yo soy de los que creo que las cosas tienen sentido y su razón de ser cuando son consecuencia de un proceso. Y cuando son como consecuencia solo y exclusivamente de situaciones aisladas, matices o casualidades, estamos más cerca del azar que de una lógica futbolística donde los méritos en el juego deben provocar que se justifique el resultado. Y el sábado, sin hacer un gran partido, el Alavés estuvo más cerca de la lógica marcada por el proceso o estilo de juego que quiere Abelardo que por haber podido sacar un resultado positivo como consecuencia de una jugada aislada.

Nos tenemos que quedar con que este equipo tiene pinta de poder darle continuidad al proceso o estilo de juego que vimos en el Wanda Metropolitano. Un estilo de juego de Abelardo que se apoya en el valor de lo colectivo por encima de lo individual, algo que hará de esta supuesta buena plantilla un mejor equipo. Y, por supuesto, el proceso o estilo de juego siempre se antepone al resultado, porque éste será la consecuencia. Pero también hay que considerar que como esto es fútbol, todo es posible. Hemos visto muchos casos en que se revierte la situación, invirtiendo el orden, es decir, primero el tejado y después la estructura o paredes. O lo que es lo mismo, primero conseguir algún resultado positivo sin saber cómo para posteriormente confiar en un estilo de juego que garantice el rendimiento y evidentemente unos resultados. Pero me temo que para que ocurra debe intervenir la divina providencia.

Muchos comentaban después del partido que el equipo estuvo bien, que al menos compitió. Un concepto que me gustaría que alguien me lo definiera de forma exacta. Yo entiendo que se utiliza cuando el equipo da una buena sensación sin entrar en muchos detalles, independientemente del resultado. Pero no me fío mucho de esos conceptos o calificativos que encasillamos al rendimiento del equipo en estas situaciones. Porque, si ocurre que perdemos dos partidos más compitiendo así, seguro que buscamos otro término menos amable que califique al equipo. Me preocupa que solo hablemos de ese concepto para medir o exigir al equipo, porque puedo poner muchos ejemplos de los que han competido bien y han descendido de categoría. No vaya a pasar como con la selección española cuando se estuvo durante unos cuarenta años apelando a ‘La furia española’, ese concepto de juego con el que nunca se ganó nada. Resulta que se ganó con talento, posesión, circulación, precisión, imaginación y, sobre todo, con esfuerzo, dando una idea exacta de lo que era competir.

Todo eso no se lo vamos a pedir a nuestro Glorioso, pero sí ciertos principios universales que, salvando las distancias, siempre se deben exigir y aplicar. Me refiero a algunos como ese que dice que el esfuerzo es innegociable, el talento es imprescindible y lo colectivo, o lo que es lo mismo, la empatía táctica, es determinante. Y ahí entra de lleno el trabajo del entrenador. La fuerza de un equipo reside más en estar todos de acuerdo que en tener cada uno razón. Si cada uno en el campo, y con la mejor voluntad del mundo, piensa que su idea es la mejor, mal asunto. Lo que tenemos entonces no es un equipo, son once señores jugando al fútbol. Aunque en ese sentido estoy tranquilo porque al equipo se le ve que falla en algunas cosas, pero no es por salirse del guion que marca el entrenador.

Por ejemplo, una de las cuestiones que creo que se deben mejorar es algo más relacionado con lo individual que con lo colectivo. Me refiero, entre otras cosas, a la precisión en los pases. No hay estilo, sistema o planteamiento de juego que se sostenga sin ser precisos en las acciones individuales. He contado y se llegan a perder más de 30 posesiones por partido sin ser situaciones forzadas. Muchas de ellas no desaparecen del campo sino que se regalan al rival. Y una de las acciones que más se repiten y se desaprovechan son los saques en largo del portero y los de banda.

De todas las formas, creo que lo bueno de la llegada de Abelardo es que no se ha centrado en perfeccionar nada en concreto y ha intentado mejorar un poco de todo en general. Es lo que tienen las mantas pequeñas, que si te tapas por arriba, te descubres por debajo, y, en este caso, lo que hace el Pitu es estirar todo lo que se puede la manta, y aunque no caliente ni abrigue mucho, al menos cubre todo el cuerpo.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos