Un Alavés sólido acaba por pagar el desgaste

Un Alavés sólido acaba por pagar el desgaste

Tras una buena primera mitad y alguna ocasión clara, decae ante el control del rival y la calidad de Oyarzabal rompe el muro albiazul

Fernando Ruiz de Esquide
FERNANDO RUIZ DE ESQUIDE

Pesa el lastre de un pésimo inicio de temporada y en la balanza negativa se acumuló ayer una cuarta derrota consecutiva en Mendizorroza. La que cortó de raíz el intento de reacción del Alavés tras el triunfo ante el Levante. No le sobran recursos, sobre todo ofensivos, a este equipo y ayer un notable partido en el trabajo colectivo durante más de una hora no bastó para sumar. Deben cuadrar los detalles para superar a un adversario como la Real Sociedad y resultaron esquivos. Sobre todo, en una primera mitad de intensidad, buenas salidas al contragolpe y alguna ocasión muy clara como la que desaprovechó Munir. Tampoco en una segunda donde el desgaste físico se acusó demasiado, ya casi sin salida hacia el campo contrario, y Oyazabal ajustició en un remate de calidad antes de la sentencia en una acción desafortunada con rebote en los pies de Duarte.

Durante muchos minutos, el partido se ajustó al guión que más le interesaba al Alavés. De Biasi había decidido repetir alineación tras el buen funcionamiento del equipo en el Ciudad de Valencia y la respuesta del once albiazul le dio la razón. El cuadro vitoriano se dedicó a taponar cualquier vía de ataque de la Real Sociedad y también a incomodar al adversario. En ocasiones desde el repliegue intensivo y en otras con una presión más adelantada. Prácticamente bajo un 4-5-1 donde Ibai y Pedraza ayudaban por los costados ante la vocación ofensiva de los laterales donostiarras. A la espera de que con el paso de los partidos el conjunto albiazul pueda evolucionar en ataque, resulta evidente que le interesan partidos donde se juega en una jaula. Con acumulación de hombres en el sistema defensivo y velocidad para aprovechar las recuperaciones.

Munir no acierta con el gol

Así transcurrieron los primeros 45 minutos en Mendizorroza. Casi nada sucedía sobre el césped. Sobaba el balón la Real Sociedad en zonas casi siempre alejadas del área de Pacheco y el Alavés ponía el vértigo en sus contadas, pero peligrosas incursiones. Desde el inicio, donde un hiperactivo Ibai se mostraba en ataque y, sobre todo, Pedraza volvía a convertirse en el mejor arma albiazul. Además de alguna correría inicial, donde Maripán rozó el tanto en un cabezazo antes del primer minuto, el cuadro vitoriano conseguía mantenerse firme y amenazar.

0 Alavés

Pacheco; Alexis, Maripán, Ely, Duarte; Torres (Bojan, m. 80), Manu García; Ibai (Vigaray, m. 62), Medrán (Katai, m. 62), Pedraza; y Munir.

2 Real Sociedad

Odriozola, Llorente, Aritz, Kevin; Zubeldia, Illarramendi, Prieto; Oyarzabal (Canales, m. 87), William José y Juanmi (Januzaj, m. 66).

Goles
0-1, m. 77. Oyarzabal. 0-2, m. 81. Januzaj, tras un rebote en Duarte.
Ábitro
Alberola Rojas. Ha amonestado a Duarte por el Alavés y a Llorente por la Real Sociedad
Incidencias
19.840 espectadores en Mendizorroza. Primer lleno de la temporada

Casi siempre por la izquierda, en un duelo de altura entre Pedraza y Odriozola. Tampoco atinó Manu García en una situación forzada en el primer palo ni después Munir en la gran opción del partido. Un robo del extremo izquierdo albiazul que acabó con carrera y centro atrás. El hispano-marroquí, con su pierna mala, la derecha, envió la pelota por encima del larguero. La gran diferencia, tomar ventaja en el marcador, se quedó en esta oportunidad en una simple ilusión. Cambiar el discurso con un gol, como sucedió ante el Levante, genera nuevas situaciones que ayer no se produjeron.

Ante una Real Sociedad que, tras los trece tantos encajados en los últimos cuarto partidos, también salió con ciertas precauciones a Mendizorroza. Sin dar tanto vuelo a sus laterales y con Zubeldia e Illarramendi pendientes de no perder la posición en el eje del equipo. Pero el Alavés respondía con eficiencia. Sólidos Alexis y Duarte en los costados de la zaga y tampoco demasiado exigidos Maripán y Ely, toda la tarde atentos. En realidad, al conjunto donostiarra solo le quedó un resquicio antes del descanso. El lanzamiento lejano de Juanmi ante el que Pacheco voló junto a su palo. Buenas noticias dejó el cancerbero albiazul, que después de varios partidos lejos de sus prestaciones habituales regresó ayer a la sobriedad y seguridad de siempre.

Sin respuesta y cambios

Al Alavés, que se sujetaba en su orden y esfuerzo físico, le quedó gasolina para un cuarto de hora más. Lo que tardó Pedraza, intenso en ataque y defensa, en sacar algún otro centro peligroso y un disparo junto al palo. Pero el choque había virado ya. Con Torres y Manu García cada vez más cerca de su defensa y sin respuesta al control de la Real Sociedad, cada vez más evidente y cercano la meta de Pacheco. Los cambios tampoco sirvieron ayer para mejorar. De Biasi optó por sacar del campo al agotado Ibai y también a Medrán, que no tuvo su día, pero al menos daba cierta posibilidad de salida al ataque.

La entrada de Vigaray en la banda derecha, para formar ya una defensa de cinco, y la de Katai en la mediapunta resultó nula para aportar oxígeno o fluidez al fútbol alavesista. Nada cambió en un conjunto alavesista que se limitaba a despejes largos y necesitaba algo más para tratar de equilibrar un partido que la Real Sociedad veía cada vez más cerca de sus posibilidades. Con un Munir convertido en diana de balones imposibles, extenuado ya Pedraza y Katai por libre, como suele suceder.

La resistencia se quebró también por calidad. El bosque de piernas alavesistas en el área no resultó suficiente para tapar todos los huecos. Oyarzabal ajustó un balón al palo y todo se derrumbó. Con estruendo después cuando Januzaj, con la involuntaria colaboración de Duarte, hizo el 0-2 en cuatro minutos. Posiblemente, demasiado castigo para un Alavés que se aplicó en el juego colectivo para mostrar otra cara a la de anteriores choques en casa, pero careció ayer de efectividad en sus zarpazos. Otro mazazo para un equipo albiazul que al menos ahora parece garantizar competitividad en cada uno de sus partidos.

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