Deportivo Alavés

El Alavés contra su particular mística de Ipurua

Laguardia despeja en presencia de Escalante en el derbi de Ipurua del curso pasado./F. Morquecho
Laguardia despeja en presencia de Escalante en el derbi de Ipurua del curso pasado. / F. Morquecho

Los goles de Pachón en Tenerife o la 'invitación' a un ascenso armero dan forma a la relación albiazul con el peculiar estadio eibarrés

Iñigo Miñón
IÑIGO MIÑÓN

Ipurua, tierra de leyendas. Hace mucho tiempo que los tópicos que siempre han etiquetado al Eibar quedaron desfasados. Futbolistas como David Silva, Jota Peleteiro, Pedro León o Inui se han encargado de desmentir la historia de once gladiadores y poco fútbol. Pero su estadio sobrevive en el terreno de la fábula. Sus reducidas dimensiones (103x65 metros), que le convierten en el terreno de juego más pequeño de Primera División, donde impera el estándar de 105 de largo y 68 de ancho que presenta por ejemplo Mendizorroza, y una arquitectura que roba espacio al monte para incrustar la grada y los banquillos a escasos centímetros del césped le dotan de lo que Fernando Vázquez denominó «la mística de Ipurua» cuando visitó la localidad armera con el Deportivo, una especie de temor «más mental que real» a las características del fortín azulgrana.

Allí, donde equipo y estadio caminan en la misma dirección para dictar sus propias normas del juego, se han escrito muchas historias. También en color albiazul. Cualquier aficionado alavesista recordará aquella victoria amarga de 2004 (1-2), cuando los goles de Pachón (Getafe) cayeron como losas desde Tenerife para dejar sin ascenso a Primera a los de Pepe Mel (3-5). «Dejémoslo, es mejor no hablar de aquello. Cada vez que nosotros metíamos en Ipurua, ellos metían tres en el Heliodoro», rememoraba hace apenas un año el entrenador madrileño.

Allí asistió el conjunto vitoriano como convidado de piedra al histórico ascenso armero, hace cuatro años, en un 1-0 que dejó a los babazorros a dos puntos de una salvación que lograría después de manera agónica en Jaén. Fue el día que dejó otra estampa para la memoria alavesista, la de centenares de hinchas albiazules recibiendo al autobús del equipo entre cánticos y bengalas. Allí se dejó Natxo González su victoriosa racha inicial una temporada antes, cinco triunfos seguidos hasta llegar a Ipurua, donde el sólido Alavés encajó tres goles en apenas diez minutos, con dos errores del portero Miguel (3-1).

Seis derrotas en ocho visitas

El error de Jito en su área que derivó en el 2-1 en 2012, las quejas sobre el arbitraje de Tomé tras otro resultado idéntico en 2010, el penalti que se inventó Hernández Hernández en 2008 (1-0), que incluso sorprendió a los propios jugadores del Eibar, la autoexpulsión de Raúl Sánchez y otra pena máxima dudosa en el ejercicio anterior... O los reproches de Gaizka Garitano, entonces entrenador azulgrana, a Manu García en un amistoso trabado disputado en el verano de 2014. Son las pequeñas historias que dan forma a una mala racha albiazul en Ipurua, donde el Alavés sufre su particular mística. En Segunda B, en Segunda y en Primera.

El conjunto vitoriano ha perdido en seis de las últimas ocho visitas ligueras y no gana desde los tiempos de la categoría de bronce (1-2), en 2010, con dos goles del vitoriano Igor Martínez y Ocenda en el banquillo babazorro, intentando corregir el mal inicio liguero que había firmado Javier Pereira. Le siguieron cuatro derrotas seguidas, hasta que la pasada temporada, en el primer derbi en la máxima categoría, el Alavés de Pellegrino araño un trabajado empate (0-0).

Así es Ipurua, un escenario diferente, aunque el albiazul Víctor Laguardia lo tiene claro. Siempre es complicado jugar allí, pero «más por el rival que por el campo, que no son más que excusas malas y pobres». La mística del Eibar juega sobre el césped.

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