El Alavés paga sus miedos

Pacheco, abatido tras el gol en propia meta de Alexis. /Photodeporte
Pacheco, abatido tras el gol en propia meta de Alexis. / Photodeporte

El equipo albiazul, conservador y temeroso en su planteamiento inicial, reacciona tarde y sin acierto hasta su triste sentencia

IÑIGO CRESPO

Temía tanto el Alavés a la pegada del Betis que terminó traicionado por sus propios miedos y complejos. Su conservador planteamiento lo sometió antes de tiempo ante el conjunto verdiblanco, al que regaló la pelota y el césped en el primer tiempo. De manera inexorable, los hombres de De Biasi se encontraron con un golpe devastador a las primeras de cambio y, cuando se dieron cuenta de que su adversario era mucho más terrenal y corriente de lo que habían imaginado, reaccionaron tarde y mal. Y a su ya crónica falta de acierto se sumó además una sentencia triste y desoladora, culminada en propia puerta por Alexis.

2 Betis

Barragán, Mandi, Amat, Tosca; Javi García; Guardado, Camarasa (Fabián, m.73); Campbell (Tello, m.62), Sanabria, Joaquín (Boudebouz, m.78).

0 Alavés

Pacheco; Vigaray, Maripán (Katai, m.76), Ely, Alexis, Pedraza; Manu García (Burgui, m.80), Dani Torres, Wakaso; Medrán; Munir (Bojan, m.80).

Goles
1-0, M.13: Sanabria. 2-0, M.75: Alexis, en propia meta.
Árbitro
Daniel Jesús Trujillo Suárez (Comité tinerfeño). Amonestó a los locales Javi García (m.30) y Amat (m.74), y a los visitantes Munir (m.39) y Wakaso (m.77).
Incidencias
Partido de la novena jornada de LaLiga Santander, disputado en el Benito Villamarín ante 49.243 espectadores. Césped en perfecto estado.

El Alavés rescató el esquema de los tres centrales para intentar frenar los vendavales ofensivos de Quique Setién. Este planteamiento, sin embargo, tan solo resulta eficaz si su protagonista posee algún arma que sorprenda o, al menos, amenace al contrincante de manera esporádica. Y eso no se consigue solo con una carrera aislada de Munir, que añoró a Pedraza, demasiado retrasado, y a un Medrán perdido en un esquema tan deslucido. Ni qué decir tiene que todo se derrumbó en cuanto Tony Sanabria se anticipó a Alexis y cabeceó con acierto el centro de Barragán. El equipo albiazul amagó incluso con desmoronarse, aunque consiguió mantener el tipo e, incluso, gozar de los acercamientos más prometedores, aunque tampoco se podían elevar a categoría de ocasiones.

Munir fue de nuevo el hombre más activo del ataque albiazul, con desmarques constantes y carreras encomiables. Pero el hispano-marroquí se parece cada vez más a un llanero solitario incomprendido, demasiado desasistido y hasta descontento cuando fue sustituido a falta de diez minutos para el final, cuando el choque parecía ya sentenciado. Y cuando esa figura se repite de manera constante e irremediable, existe el riesgo de que se transforme en una realidad desquiciante. Munir se acercó al empate tras un centro de Wakaso cuando el Alavés intentaba rehacerse del tanto de Sanabria, y reclamó un posible penalti al borde del descanso con tanta vehemencia que le costó la cartulina amarilla. Eso sí, no cabe duda de que el central Mandi lo abrazó de manera continuada e impidió cualquier posible remate del delantero albiazul.

La única luz que arrojó el descanso fue que el Betis se encontraba lejos de ser tan fiero y tan exquisito en su juego, y que, por encima de eso, parecía vulnerable cada vez que el Alavés trataba de combinar y, sobre todo, encarar a su par. Pero era evidente que los recursos que había plantado De Biasi en el césped del Villamarín, con Medrán y Munir como únicos jugadores de vocación ofensiva, eran insuficientes. A ellos había que unir a Pedraza, claro, pero la potencia cordobés se ve reducida a la mitad cuando retrasa tanto su punto de partida. Por eso cabía esperar una segunda revolución –es decir, un paso atrás que devolviera la cordura al once– en el intermedio o, al menos, pocos minutos después de él. Los albiazules, sin embargo, regresaron asaltados por los mismos miedos, y postergaron su sentencia gracias a una gran intervención de Pacheco ante Camarasa a los dos minutos de juego.

El Alavés seguía vivo a pesar de todo, y disfrutó de un tramo de casi media hora de juego en el que rozó el empate. Primero fue de la mano de una jugada individual de Pedraza, que se deshizo de tres defensores béticos antes de encontrarse con el pie izquierdo de Adán. No fue la única intervención de mérito del guardameta, quien, además, arruinó un gran lanzamiento de falta de Medrán, además de un cabezazo de Manu García, aunque su remate estaba invalidado por fuera de juego. De nuevo pareció el momento idóneo para terminar de agitar la coctelera con un cambio, pero De Biasi se mantuvo firme en su inmovilismo.

Incluso así, el Alavés había logrado marcar por medio de Munir en el minuto 55, en una jugada invalidada por un fuera de juego salvado por milímetros. Y es que al escaso acierto y al juego plomizo de los albiazules se une además una preocupante mala fortuna, que terminó por condenarlos con un gol en propia de Alexis. Torres dudó a la hora de salir al cruce, Tello se subió a la moto y su centro encontró el mejor remate en el defensor malagueño, que continúa con su vía crucis particular. Fue entonces cuando De Biasi miró por fin a su banquillo, donde encontró a Katai (entró por Maripán), a Bojan (sustituyó a Munir) y Burgui (por Manu García). Pero el peso de la derrota era ya imposible de esquivar, y los miedos empiezan a devorar al Alavés sin aparente remedio.

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