Alavés

De fiesta y sin freno

De fiesta y sin freno

Mendizorroza se inunda de felicidad tras un gol cómico de Guidetti y una obra de arte de Munir. El resto corrió a cargo de la grada

Iñigo Crespo
IÑIGO CRESPO

Mendizorroza esperaba inaugurar la gran fiesta del año y lo hizo a carcajadas. La felicidad inundó las gradas del estadio con un gol tan cómico para quien lo anota como dantesco para quien lo sufre. El primer (y único) tanto de Guidetti en Vitoria esta temporada llegó de la manera más hilarante e impredecible. El sueco se acercó a realizar una tímida presión a la salida del balón del Athletic. Lo hizo casi de pasada, sin intensidad, simplemente para acelerar el desenlace de la jugada. De pronto, sintió un pequeño impacto en la rodilla. Era la pelota, que traicionó a Kepa en su trayectoria y rebasó llorando la línea de meta. Ni siquiera el ariete conseguía aguantar la risa, contagiada por la grada. Lo que escondía esa acción tan inverosímil, sin embargo, resultaba mucho más lapidario. El Alavés se puso por delante justo cuando contaba los segundos para encaminarse al vestuario sin heridas, y sin crear una sola jugada ni realizar un remate a puerta. Pero eso a nadie le importaba. La mecha estaba prendida.

En realidad, parecía la única forma de que el conjunto albiazul se fuera por delante al descanso. Alguno incluso se atrevía a pensar que el tanto cayó por aclamación popular o por fuerza del deseo. Porque los de Abelardo se vieron superados en fútbol por el Athletic, aunque tampoco puede decirse que protagonizara una exhibición. Ningún jugador del equipo vitoriano se acercaba a lo que había mostrado durante las 24 jornadas anteriores. Guidetti no conectó ni una sola vez con Munir, sobrepasado por el trabajo con los tres centrales rojiblancos. El césped pareció tragarse a Pina, la banda izquierda, con Alexis y Pedraza, fue una auténtica alfombra verde para De Marcos y Williams... Solo había noticias de Manu García, empeñado en llevarse todas las batallas, y Pacheco, que salvó un par de disparos peligrosos, sobre todo uno de Aduriz que llevaba un bote envenenado. Lo que se celebraba, sin embargo, estaba muy por encima del propio fútbol.

3 Alavés

Pacheco; Martín, Laguardia, Maripán, Alexis (Wakaso, min. 53); Ibai Gómez, Tomás Pina, Manu García, Alfonso Pedraza; Munir (Ely, min.85) y Guidetti (Sobrino, min. 75)

1 Athletic

Kepa, De Marcos (Córdoba, min.65), Unai Núñez, Yeray, Iñigo Martínez, Saborit; Beñat, Mikel Rico (San José, min. 40); Muniain, Williams y Aduriz

Goles
1-0, m.42: Guidetti. 2-0, m.60: Munir, de falta directa. 3-0, m.77: Ibai Gómez. 3-1, m-79: Muniain
Árbitro
Estrada Fernández (C. Catalán). Amonestó a los locales Maripán (min. 31), Munir (min. 34) y a los visitantes Beñat (min. 27), Saborit (min. 33), Yeray (min. 58), San José (min. 72) e Iñigo Martínez (min. 92)
Incidencias
Partido correspondiente a la trigésimo séptima jornada de LaLiga Santander, disputado en un repleto estadio de Mendizorroza de Vitoria con 19.458 espectadores. En el descanso del encuentro tuvo lugar un homenaje a la plantilla alavesista que ascendió a Primera División en la temporada 1997-98

Los seguidores albiazules apenas tenían tiempo para reparar en lo extraño que era el resultado, ni para lamentarse por el pobre juego de su equipo. Con los primeros cuatro meses de competición ya había sido más que suficiente. Era un día para disfrutar, pasarlo en grande, botar y hasta llorar de alegría. Mendizorroza se sumió en una gran celebración que duró cerca de una hora entre el descanso, la segunda mitad y la despedida final. Por todo lo alto, vaya. Y eso sin contar lo que se desató después en la ciudad. Pero Abelardo no quería que la celebración se torciera y sabía que no sería fácil sostener esa mínima renta con el coladero que tenía en el costado izquierdo de la defensa. Solo seis minutos después de la renudación, el técnico dio entrada a Wakaso por Alexis y retrasó a Pedraza al lateral. Imaginen cómo sería el desastre para pensar que un extremo de clara vocación ofensiva podría defender mejor que un veterano central. Cosas de la vida.

El Alavés intentaba completar su primera jugada cuando se cumplía la hora de partido. En ello andaban sobre todo Ibai, muy enchufado, y Munir, que poco a poco encontraba las cosquillas al trío defensivo del Athletic, formado por Yeray, Núñez e Iñigo Martínez. No había forma. Ya fuera por exceso de ímpetu del bilbaíno o de las ganas de recrearse del hispano-marroquí, la pelota acababa en manos de los rojiblancos. Pero cuando Munir cayó al borde del área al intuir una falta prometedora, enseguida se pusieron de acuerdo. Ese balón llevaba el nombre del jugador cedido por el Barcelona, que colocó la pelota junto al palo izquierdo de Kepa. El balance era impresionante. El Alavés había anotado dos goles con un tiro franco y un rebote.

El Athletic se vino un poco abajo y los albiazules comenzaron a desplegar un fútbol algo más atractivo. Y si el Alavés había logrado una renta tan sólida sin una sola acción de combinación, qué pasaría en cuanto sus hombres se pusieran a jugar y entenderse. Pues, efectivamente, un fugaz atisbo de goleada. Ibai fusiló a Kepa con una poderosa volea después de que Wakaso conectara con Pedraza y el cordobés enviara el balón al área. El centro fue algo defectuoso, pero un pequeño toque de Yeray bastó para convertirse en una brillante asistencia para el bilbaíno, el único que no festejó su diana en plena jarana.

La alegría se adueñó tanto del ambiente que los defensores albiazules cometieron un pequeño despiste en el área, algo que Muniain aprovechó para superar a Pacheco en un remate flojo. Quedaban algo más de diez minutos, pero hacía tiempo que el mejor espectáculo estaba en la grada. La afición vitoriana se corrió una soberbia juerga en la recta final y durante los discursos de Abelardo y Manu García. Ya no había freno posible. La noche esperaba a los héroes y a sus miles de escuderos.

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