Acelerar la cuenta atrás

Pacheco, en primer plano, durante el entrenamiento que el Alavés realizó ayer en la ciudad deportiva del Barcelona./d. alavés
Pacheco, en primer plano, durante el entrenamiento que el Alavés realizó ayer en la ciudad deportiva del Barcelona. / d. alavés

El conjunto albiazul, a solo un paso de la salvación virtual, busca reconciliarse y frenar la peor racha de la era Abelardo

IÑIGO CRESPO

La salvación del Alavés, aquello que parecía tan utópico hace solo cuatro meses, se ha convertido en un trámite en el que falta concretar la fecha y el lugar. El conjunto albiazul roza ya la salvación virtual gracias a una remontada histórica, y parece impensable que Las Palmas o el Deportivo emulen una trayectoria parecida en la recta final de la Liga. El equipo de Abelardo, sin embargo, no debe obsesionarse con mirar por el retrovisor la velocidad a la que llega el peligro ni con calcular las secuelas de un impacto poco probable. Necesita reconciliarse con el fútbol que le hizo despegar para concluir la campaña al alza. Ante el Espanyol, los hombres de Abelardo no buscan tanto el billete más barato hacia la permanencia, sino frenar la peor racha desde la llegada del técnico asturiano, que sin duda se transformaría en la mejor arma para el último mes y medio de competición.

La respuesta del Alavés tras el parón liguero, abrazado por el vestuario, es una de las principales incógnitas del duelo de hoy. La tropa albiazul empezaba a transmitir unos evidentes síntomas de desgaste psicológico incluso antes de este bache de tres derrotas consecutivas. En el duelo directo frente al Levante, con la tensión por las nubes y antes de la explosión de éxtasis y adrenalina que desencadenó el gol de Laguardia en el minuto 90, a los vitorianos no se les adivinaba esa frescura con la que habían zarandeado a sus anteriores contrincantes.

Tampoco hay que fundir las alarmas por el actual frenazo del Alavés, ya que entraba dentro de lo razonable tras cuatro meses al límite, sin margen de error y con la constante amenaza de que la temporada entraría en muerte clínica para diciembre. El único momento en el que los albiazules podían permitirse sufrir accidentes leves sin graves consecuencias era este, justo después de dejar la permanencia a tiro. El último paréntesis por los compromisos internacionales, por lo tanto, debería servir para despejar la mente y afrontar la recta final con la atmósfera habitual, lejos de la sensación de tener que disputar todo un maratón al sprint.

El propio Abelardo, de hecho, ha tratado de trasladar a sus jugadores que no queda más que un último esfuerzo, mucho más llevadero que los diez primeros partidos desde su llegada. «Queda un mes y medio. No es nada», reconoció el técnico asturiano, que ha mantenido algunas charlas con sus jugadores para incidir en el aspecto mental, sumido en una montaña rusa entre el hundimiento y el brillante rendimiento que llegó a convertir al Alavés en el tercer equipo más en forma de la categoría de forma momentánea.

El conjunto albiazul pasó de sentirse el último mono de Primera a arrollar casi todo lo que se le ponía por delante en Mendizorroza, de modo que es probable que llegara a dudar de cuáles eran sus prestaciones reales.

Un adversario muy sólido

«No somos ni el equipo de Champions que parecíamos al principio ni vamos a perder todos los partidos como los tres últimos», aseguró Abelardo. En Cornellà, por lo tanto, el Alavés intentará iniciar un último cuarto de Liga de una manera mucho más realista. A pesar de la imagen de irregularidad que proyecta el Espanyol, se comporta como una auténtica roca en su estadio. El equipo de Quique Sánchez Flores se encuentra invicto en los últimos cuatro partidos que ha disputado como local, con dos triunfos y otros tantos empates. Actúa de manera sólida y como un bloque único, sin un juego demasiado brillante pero sí eficaz. Esta temporada, sin ir más lejos, el Real Madrid, el Atlético, el Villarreal y el Barcelona (tanto en Liga como en la Copa) han sido incapaces de doblegar a los blanquiazules en su feudo.

En cierto modo, el Alavés y el Espanyol tienen ciertas similitudes en el estilo, su esquema e incluso el momento que atraviesan. El conjunto catalán salió escaldado de su último choque frente al Betis y en sus gradas se ha instalado la sensación de que la temporada ha terminado. El cuadro vitoriano, por su lado, ve en su adversario de hoy un pequeño espejo de lo que le habría gustado ser en los primeros meses de la temporada: un grupo bien armado, fiable en casa y con la capacidad de tumbar a cualquier coloso.

El Alavés afronta una prueba que medirá su potencial tras una pausa necesaria para analizar su situación con más calma. Pero, sobre todo, para saber si ha encontrado la grieta de estas tres últimas derrotas para que los viejos y peligrosos miedos no regresen a Mendizorroza.

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