Que no se acabe la Copa

El Alavés necesitó cinco encuentros para eliminar al Burgos en la Copa. Fue en marzo de 1953

Formación del Alavés en la temporada 1952-53./E. C.
Formación del Alavés en la temporada 1952-53. / E. C.
Santiago de Pablo
SANTIAGO DE PABLO

Pese a la derrota por la mínima en Mestalla, está claro que el Alavés, tras disputar su primera final la temporada pasada, parece haberle cogido el gusto a la Copa. De entre las muchas eliminatorias que el equipo albiazul ha jugado en el torneo del KO, una de las más recordadas es la que le enfrentó al Burgos en 1952-1953. Ello no fue debido al rival -que no tenía excesivo glamour, en comparación con otros equipos-, ni a la fase clasificatoria (se trataba de la segunda ronda), ni al resultado final, aunque el Alavés eliminó al Burgos, sino a su increíble duración.

En aquella época, no existían los penaltis que hoy deciden el pase en caso de igualada global, ni el valor doble de los goles fuera de casa. Los dos contendientes tenían que disputar un partido de desempate en campo neutral, seguido de una prórroga. El sistema se repetía, incluso con dos prórrogas, hasta que uno de los equipos se proclamara vencedor. En el caso que nos ocupa, el Alavés necesitó cinco encuentros para eliminar al equipo castellano, tras casi nueve horas de juego.

Los dos primeros partidos terminaron con sendas victorias en casa del Alavés y del Burgos por 1-0 y 2-1, respectivamente. El choque de vuelta fue muy accidentado, hasta el punto de que los jugadores alavesistas, «aún sin saber si la prórroga se iba a celebrar, se desvistieron, poniéndose en traje de calle, dispuestos a no presentarse en el campo, si había que volver a jugar».

El partido de desempate se jugó en San Sebastián el 26 de marzo de 1953. Muchos aficionados vitorianos acudieron a Atocha, donde el Burgos no pudo contar con su guardameta Emery, padre del actual entrenador del París Saint-Germain Unai Emery, que la temporada anterior había jugado en el Alavés. El tiempo reglamentado terminó con empate a dos, dando paso a la prórroga. El estadio de la Real Sociedad no disponía aún de iluminación artificial, por lo que la segunda parte del tiempo extra dio comienzo «cuando se está haciendo de noche, en vista de lo cual el árbitro ordena a los jugadores que se coloquen rápidamente en sus puestos».

La prolongación terminó sin más goles, e hizo falta un nuevo partido. Sobre la marcha, se decidió que se jugaría al día siguiente en el mismo escenario, para evitar viajes adicionales. Lo que nadie esperaba era que, tras este nuevo encuentro y no una sino dos prórrogas, el choque iba a acabar de nuevo 2-2. Los titulares de la prensa que entonces se publicaba en Vitoria-EL CORREO incluido- tenían un tono épico: «El Alavés y el Burgos siguen empatados. Los jugadores y el árbitro, agotados»; «¡Otra vez 2-2 en Atocha! El Alavés y el Burgos han jugado un bravo partido».

Según las crónicas, «nadie creyó que el partido de ayer, segundo de desempate entre Burgos y Alavés, habría de terminar también en tablas». Los jugadores abandonaron Atocha «extenuados», no solo por la duración del partido sino también porque el campo se había embarrado por la lluvia. Y eso que la segunda prórroga fue solo de diez minutos, ya que el árbitro pitó el final «ante la falta de visibilidad». Los aficionados «pretendían que el partido continuase, pues el espectáculo que se les ofrecía no se daba todos los días. Pero, sin embargo, cuando concluyó, los espectadores supieron rendir su homenaje a los bravos jugadores, brindando unos aplausos que de verdad nos conmovieron. Era el premio a aquella labor realizada».

Por fin, el 9 de abril el Alavés vencía 3-0 en un nuevo partido de desempate en Atocha, con goles de Remacha y Echeandía (2). Los babazorros mostraron una «alegría enorme» por una victoria que había costado muchas horas de esfuerzo. Como recuerdo de la gesta, el balón «fue entregado al equipo vencedor del partido». El Alavés fue objeto de un homenaje en Deba y, al entrar a Vitoria, fue recibido por la Peña Motorista Vitoriana, «que obsequió a los expedicionarios con unos refrescos».

El siguiente rival, el Avilés, esperaba desde hacía semanas a ver quién ganaba la eliminatoria. Tras dejar fuera al equipo asturiano, esta vez en solo dos partidos, los albiazules fueron derrotados en octavos de final por el Athletic de Bilbao.

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